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domingo, 11 de diciembre de 2011

Vargas Llosa entrega premio a columnistas de Los Tiempos



Los columnistas de Los Tiempos, Rocío Estremadoiro Rioja y  Lizandro Coca Olmos, recibieron galardones de manos del escritor Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, por haber obtenido Menciones Honrosas en el VI Concurso Internacional de Ensayos “Caminos de la Libertad”, de México.

domingo, 23 de octubre de 2011

Tres bolivianos ganan en un concurso de ensayos

El escritor boliviano radicado en Guatemala Julio Cole ganó el sexto concurso mexicano de ensayo Caminos de la libertad. Se impuso a los autores venezolanos César Rafael Yegres segundo, e Isabel Pereira, tercera. 

Cole presentó el trabajo Cruzando el umbral de la sociedad abierta: ideología y libertad en las primeras novelas de Mario Vargas Llosa, que el jurado valoró como la mejor propuesta entre más de 270 enviadas de EEUU, América Latina y Europa.

Asimismo, entre nueve menciones honoríficas y autores de Alemania, Argentina, Cuba, España, Chile, EEUU y Guatemala, también destacaron los bolivianos Jorge Lizandro Coca, por La Destrucción en el Estado de Bolivia, y María Rocío Estremadoiro, por La paradoja social: la colectividad versus la persona. Ensayo de preguntas más que de respuestas.

martes, 6 de septiembre de 2011

Grande Tano…

Terminaba su “Momento de Opinión” agradeciéndonos por nuestra lealtad, cuando quien guardaba la mas inexpugnable lealtad con la libertad, era él…

Tuve el placer de entrevistarle los últimos meses del año 2007, en un programa de corta vida, pero que se hizo muy popular en Cochabamba, llamado “Conversatorio”. Nos entusiasmó la idea de darle cámara a una de las mentes libertarias más lúcidas de Bolivia que, además, había sido una de las primeras en ser silenciadas por un exilio mediático impuesto desde el poder político.

Me regocijé profundamente cuando, después de la entrevista, Tano accedió a que entabláramos, junto a varios amigos, una charla sobre la realidad del país y sobre la historia reciente. Tengo esas fotografías con él guardadas como un tesoro, y también publicadas en mi facebook.

Pero yo le conocía de mucho antes. Cuando apareció en cámaras practicando el periodismo de opinión desde la cadena ABC, posteriormente en un programa llamado “Estudio Abierto” de la red ATB, y luego con “Momento de Opinión” difundido en PAT y en Cadena A. Realmente pasé gran parte de mi juventud escuchando y aprendiendo de ese gran maestro que fue Cayetano Llobet. 

Pero dicho así, sin especificar qué fue lo que me enseñó, suena a lisonja fácil y barata. Aprendí de él a administrar ese estilo incisivo y sarcástico que tan bien le quedaba, y que tan mal suelen recibir quienes por estar en el poder, o por pretenderlo, suelen ser especialmente poco tolerantes a la crítica. Mucho más las mentes totalitarias que hoy nos gobiernan, y que detrás de cada objeción ven una conspiración apoyada por la Embajada Americana.

Aprendí también que la defensa de la libertad, además de requerir de una férrea fidelidad, exige exclusividad, que implica la justa y proporcional distribución de la crítica, convirtiendo en destinatarios de ella también a los impostores que han dicho defenderla, pero que en los hechos, sea por ineptitud o por complicidad, compiten por dejar al ciudadano desprotegido frente a los abusos del poder. Me refiero a los políticos de oposición (supuesta) que terminaron facilitándole el trabajo al oficialismo en muchas ocasiones.

Aquellos que con procesos judiciales encima se acercan a Palacio Quemado para estrechar la mano de su verdugo, buscando sacar provecho del chauvinismo marítimo tan generalizado en el país, y sonriendo en las fotografías cuan cruzados defensores de sagrada causa frente al usurpador chileno.

Aquellos, también, que después de haber sido socios del masismo durante cuatro años, o de haber viabilizado la culminación de la constituyente y el referéndum revocatorio, vienen a descubrir, a estas alturas del partido, que su socio oficial (para los primeros), o su socio circunstancial (para los segundos), resultaba ser una bestia negra del totalitarismo y la intolerancia política. Lo recuerdo por una columna de Cayetano titulada “Los descubridores”

Recuerdo, también, que fue Tano quien nos advirtió, con una previsión certera y única de entre todos los analistas políticos, sobre los peligros de la desinstitucionalización del Estado y su consecuente desagregación social. Tengo el honor de haber citado estas ideas en mi trabajo de grado. 

Todo ello hizo de Cayetano Llobet no sólo un defensor de la libertad, sino también un prototipo de honestidad intelectual, convicción ideológica, claridad en las ideas y valentía en la comunicación. Todo ello hizo que Tano sea grande e inolvidable.

Le extrañaré muchísimo, y me quedaré con el deseo de haberle visto otra vez en televisión y de haber compartido una segunda charla.

martes, 9 de agosto de 2011

Los insensatos indignados

En algunos puntos del globo se están reproduciendo los grupos de “indignados” con reclamos que, vistos superficialmente, parecerían comprensibles y hasta dignos de simpatía. Democracia de verdad, trabajo, techo… en resumen: mejores condiciones u oportunidades para los jóvenes. Son algunas de las consignas de estas personas.

La relación que se intenta establecer entre democracia “verdadera” y las necesidades de la gente causadas por la crisis, se debe a la absurda creencia de que el establecimiento de órdenes sociales con libertad y democracia traerían automáticamente el paraíso y la felicidad a las personas.

Este es un error muy común en nuestras sociedades y, a causa de él, suelen aparecer los descontentos dentro de los órdenes sociales libres. Es por ello que creo conveniente poner algunos puntos claros respecto de este tema.

La libertad y la democracia no implican la necesaria aparición de la felicidad y el paraíso delante de nuestros ojos, de la misma manera que no significa que las personas utilizarán esa libertad para perseguir el bienestar. El hecho de vivir en libertad nos brinda como única garantía que seremos nosotros, y no otros, quienes tengamos el mayor influjo sobre nuestros propios destinos y vidas. 

Normalmente, el establecimiento de regímenes totalitarios ha restringido la libertad de los individuos al punto de que éstos ya no son dueños de sus acciones y esfuerzos, siendo estos gobiernos los que decidían cuáles eran las metas de la sociedad y, por lo tanto, cuál era la dirección hacia la que las personas tenían que dirigir sus esfuerzos, en los distintos ámbitos del quehacer humano.

No importaba, entonces, si la ocupación impuesta por el Estado al individuo satisfacía las expectativas de éste o le ayudaba a alcanzar sus propias metas. Lo único que interesaba era si las personas seguían la dirección trazada por los burócratas en el poder, y si cumplían con las tareas que se les había asignado en ese sentido.

La democracia, por otro lado, no es más que un mecanismo creado en el intento de preservar la libertad de los individuos. Si el poder del Estado está dividido en distintos órganos, si los gobernantes no pueden perpetuarse en el poder, y si existen mecanismos para que sean las personas quienes definan cuáles serán los actores políticos que administren los asuntos públicos, mayores dificultades tendrán las mentes totalitarias para disponer a su antojo de la vida y destinos de las personas.

Si los movimientos de indignados pretenden que sean sus Estados quienes les doten de todos los recursos materiales para tener bienestar, están renunciando a la responsabilidad de proveerse ellos mismos de dichos bienes y, peor aun, están clamando por gobiernos con poderes mayores, que sean capaces de decidir quiénes, cómo, cuándo, por qué y dónde cada individuo ha de recibir los dones y dádivas estatales.

Probablemente muchos gobiernos del mundo son más responsables de haber acostumbrado a sus ciudadanos a un bienestar artificialmente construido, que se ha tornado insostenible en los últimos tiempos, y no así de no intervenir en sentido opuesto. Es decir, que la actual crisis es fruto de las intervenciones estatales dentro del orden social, y no así de su falta de acción o planificación.

El problema con las generaciones jóvenes que hoy muestran su desesperanza, es que las expectativas que tenían respecto del futuro, frente a las dificultades del presente, parecen diluirse sin remedio frente a sus ojos. Pero eso es algo con lo que ya tuvieron que lidiar otras generaciones.

miércoles, 13 de julio de 2011

Es Estado y los asaltantes

Cuando un asaltante se lleva su dinero o sus bienes, comete un grave delito no sólo por poner en peligro su integridad y utilizar la violencia, sino porque se está llevando su propiedad, que es el resultado del talento, esfuerzo, trabajo y tiempo que usted ha invertido durante su vida, y por lo tanto un pedazo de su existencia. Eso es lo que se llevan los asaltantes, ladrones, estafadores y similares.

Después de haber sido asaltado, usted tendría que tener muy mala suerte para volver a encontrarse con el mismo delincuente, y que éste le vuelva a arrebatar el fruto de su trabajo. Es más, aun si tuviese la mala fortuna de ser asaltado nuevamente, difícilmente será el mismo sujeto.

El Estado es el único ladrón con el que nos encontraremos mensualmente, de aquí hasta el final de nuestros días, para que nos robe el fruto de nuestro esfuerzo a través de los impuestos y demás contribuciones obligatorias.

La maquinaria estatal tiene variadas formas de robar. Están los impuestos que explícitamente se cobran por los salarios y por las operaciones de compraventa (IVA, IT, IUE), así como otros, mas camuflados, que se establecen por la adquisición de ciertos productos o la realización de determinadas acciones, como el Impuesto al Consumo Específico (Que se grava sobre automóviles, cigarrillos, energizantes, bebidas alcohólicas), el Impuesto a las Transacciones Financieras (un porcentaje por cada transacción superior a cierto monto), y un impuesto que se cobra a las remesas provenientes del exterior (no contento con no haberle ofrecido oportunidades y haberlo condenado a sufrir las penurias de ser forastero, el Estado inepto roba parte de su trabajo a los compatriotas en el exterior).

Con la nueva Ley de pensiones, usted debe aportar a fondos solidarios, con lo que el Estado nuevamente mete sus sucias manos en sus bolsillos, buscando, para colmo, utilizar ese dinero para “ayudar” a quienes no han aportado para su jubilación y pretendiendo, de esa forma, ganar indulgencias con avemarías ajenas.

El pretexto de quienes justifican la existencia de impuestos, es que son recursos necesarios para que el Estado funcione. Ese razonamiento sería correcto de no ser que en toda oficina publica se nos cobra valores (sin contar las coimas) para que se hagan las cosas (lentamente y mal por lo general) y que en nuestro caso vivimos en un país cuya administración publica recibe cientos de millones de dólares por negocios de hidrocarburos, electricidad, telecomunicaciones, peajes, etc. que debieran ser suficientes para que un modesto aparato público, que garantice y proteja nuestras vidas, libertad, propiedad y derechos, funcione correctamente.

Para colmo, si uno se equivoca al llenar formularios de impuestos u otros documentos, es castigado y multado. Cuando se supone que nosotros le hacemos un favor involuntario al Estado, permitiendo que nos robe sistemáticamente para que nuestro dinero muchas veces caiga en los bolsillos de los politiqueros más sucios, improductivos y mediocres, se nos trata como si fuéramos delincuentes. Como si nosotros le debiéramos algo a un Estado que nos pone mas trabas que alicientes para producir y trabajar, que no es capaz de resolver procesos jurídicos con justicia y rapidez, que no nos brinda seguridad ciudadana, que no otorga seguridad jurídica para nuestra propiedad e inversiones, que no resuelve tramites de manera ágil y eficiente, y que, para colmo, se apropia y administra otro tipo de negocios y empresas de servicios, utilizándolas como agencias de empleos y caja chica de los poderosos de turno.

miércoles, 19 de enero de 2011

Replicando a la UDP

Se dice que, como ser racional, el ser humano debería tener la capacidad de aprender de los errores pasados, ya sean estos registrados por la historia, o por la propia experiencia de las personas. Sin embargo, es célebre la definición de Einstein de estupidez, concebida como: hacer siempre lo mismo esperando resultados diferentes.

Bolivia ya vivió una experiencia de intento de controlar los precios rigurosamente, en medio de una economía profundamente estatizada y regulada. Me refiero a la época de la Unión Democrática y Popular (UDP) encabezada por el extinto Hernán Siles Suazo. Buen tipo Dn. Hernán, fue uno de los Presidentes que mayor respeto tuvo por los derechos humanos, y una persona con una notable honestidad. Sin embargo, entre su bondad y buenas intenciones, y las políticas económicas equivocadas, fueron las segundas las que finalmente determinaron el comportamiento económico y social del país, y las que terminaron por suspender su mandato súbitamente.

Largas colas para conseguir pequeños cupos de arroz, azúcar y otros productos de primera necesidad, así como una hiperinflación galopante que llegó al 25.000% acumulado durante esos años, además de tremendos conflictos sociales y disconformidad generalizada, fueron los resultados de políticas económicas similares a las que hoy se intenta aplicar.

Sólo faltan la desdolarización (consistente en cambiarle arbitrariamente a las personas sus dólares por bolivianos), y los paquetes económicos (la introducción masiva de masa monetaria sin respaldo, en el mercado). Después, el cambio del dólar establecido artificialmente a través de criterios oficiales, el intento de regular los precios, y la incertidumbre jurídica y política, están presentes, generando una réplica en pequeña escala de la inflación y las interminables colas de aquellos tiempos. 

¿Por qué repetir el mismo procedimiento, sabiendo cuál va a ser el resultado y, lo que es peor, conociendo que los resultados serán negativos? No se me ocurre otra respuesta que no sea la de Einstein: por estupidez.

Y creo que estamos demasiado grandes, y contamos con muchísimos instrumentos de análisis (la experiencia el mayor de todos) como para decidir comportarnos de manera irracional, y coincidir con la estupidez constante y sistemáticamente, dando tumbos por doquier, o golpeándonos con la misma pared una y otra vez.

Mientras más intenten controlar los precios, más se elevarán éstos. Mientras mayores restricciones se le ponga a los productores, menor será la producción. Mientras más esferas de la economía administre el Estado, mayor ineficiencia y corrupción encontraremos en éstas. Mientras más nacionalizaciones realicemos, menores serán las inversiones y los emprendimientos productivos. Estas son, entre muchas otras, las principales lecciones que deberíamos haber aprendido de la UDP, y de la historia de países como Cuba, la extinta Unión Soviética, o la misma China.

Por mi parte, le ofrezco mi garantía personal de que, mientras el gobierno continúe con las mismas políticas económicas, nunca tendremos prosperidad con Evo Morales.

Emprendimiento privado, garantías para la propiedad, búsqueda de mercados, créditos blandos para la producción junto con asesoramiento técnico, alta capacitación de recursos humanos, una verdadera democracia, y un Estado ocupándose de lo esencial (seguridad ciudadana y jurídica, caminos, educación y salud) con la menor burocracia posible, es la única vía hacia el éxito. El otro, es el camino de la estupidez.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Qué hermoso es hablar en nombre de otros

Por: H.C.F. Mansilla

Con envidia y un dejo de melancolía confieso que admiro el aplomo, la jactancia y la soltura con que numerosos intelectuales urbanos componen teorías sobre el "autogobierno indígena", la "insurgencia plebeya", la "democracia del ayllu" y otras lindezas que son indiferentes a las "masas campesinas". Pero esto no es lo importante. Mucho más grave es la amplia labor de justificación de prácticas antidemocráticas que realizan estos pensadores en vista de la posible convocatoria a una Asamblea Constituyente, proponiendo que a nivel nacional se establezca una repartición de votos según sectores étnicos y que en las zonas rurales la elección de los diputados a esta Asamblea se haga según los presuntos usos y costumbres de las comunidades campesinas.

La introducción de elementos étnicos en cuestiones electorales sería un retroceso hasta épocas premodernas, irracionales y antidemocráticas. La historia universal está llena de los terribles ejemplos que significaron regímenes basados en criterios racistas. Bajo el manto de la protección y el fomento de las culturas aborígenes se quiere consolidar modelos autoritarios de estructuración social, donde los líderes serían (o seguirían siendo) los intelectuales urbanos y los caudillos tradicionales. Es decir: los que siempre han hablado en nombre de los pobres y explotados. Y los que siempre han perseguido sus objetivos particulares e individuales mientras decían representar los intereses de las clases subalternas.

No debemos, por lo tanto, renunciar alegremente a las conquistas de la tradición democrática: el fundamento de cualquier sociedad son los sujetos racionales, que de manera consciente, sopesando los discursos y los avatares en cada elección, ejercen sus derechos básicos y saben cumplir sus obligaciones con respecto a terceros que tienen iguales derechos. No debemos echar por la borda el voto universal, secreto y libre, que conlleva una preferencia estrictamente personal, en favor de sospechosas votaciones públicas bajo coacción colectiva y sin protección para las minorías, como es la elección según usos y costumbres en las comunidades rurales que han permanecido intocadas por el progreso histórico.

En las juntas vecinales de El Alto, en los sindicatos urbanos y rurales de la mitad occidental del país, en los llamados movimientos sociales de carácter popular, en gremios de estudiantes universitarios y también en los comités cívicos del oriente predominan dirigencias cuya legitimidad democrática es dudosa. Y sus prácticas cotidianas al mando de esas organizaciones no constituyen un dechado de virtudes racionales y modernas. Se trata de un fenómeno muy generalizado. En gran parte de organismos bolivianos, que tienen una directiva elegida por las "bases", se consolida un liderazgo compuesto por factores muy convencionales: por un lado, astucia, retórica, manipulación desde arriba, y por otro, ingenuidad, ignorancia, fascinación por jefes carismáticos.

Es la realidad diaria de una cultura autoritaria, que no es percibida como tal por las masas, y que los dirigentes saben utilizar hábilmente para manejar a esas bases. Digo hábilmente porque los caudillos, grandes y pequeños, no infringen abiertamente los estatutos, no siguen pautas inesperadas de comportamiento -que pudieran causar sorpresa o rechazo- y, en el fondo, expresan lo que las masas quieren escuchar. La Bolivia profunda muestra así su carga de rutinas irracionales. En el seno de los partidos que representan indudablemente a extensos sectores campesinos, se reproducen las prácticas más lamentables del caudillismo, el prebendalismo y la búsqueda de las ventajas personales. En El Alto algunas juntas vecinales y ciertos movimientos sociales obligan a sus afiliados a concurrir a marchas, bloqueos y asambleas, bajo pena de cobrar multas pecuniarias o de coerciones aun peores. En las asambleas sindicales y universitarias se imponen aquellos oradores que hacen gala de ideas radicales y revolucionarias, aunque ellos mismos se preocupan sólo por su carrera y bolsillo. Y en el oriente dilatadas masas se dejan seducir por consignas autonomistas, cuando las reducidas élites de estos movimientos cívicos tienen paralelamente otras metas: la obtención de espacios de poder y dinero para fines particulares.

Críticas similares surgieron en torno a las recientes elecciones en Irak para una Asamblea Constituyente: no habría que imponer el voto universal, libre y secreto (un típico factor del deplorable individualismo occidental) a una sociedad conformada de modo diferente, en la cual las comunidades de base designan a sus jefes y representantes siguiendo costumbres y tradiciones que nos son extrañas. Y precisamente porque no las comprendemos, no debemos censurarlas y considerarlas antidemocráticas. Como dijo Mario Vargas Llosa refiriéndose explícitamente a las elecciones iraquíes, esta actitud, que a primera vista parece tolerante con otras culturas y progresista en el plano político, es una sutil artimaña para dejar las cosas como están, es decir para consolidar las estructuras convencionales de poder. Los que han hablado en nombre de las "mayorías" nacionales, pueden seguir haciéndolo tranquilamente, pues ahora tienen el aval de muchos intelectuales de todo el mundo, quienes, bajo la excusa del respeto a lo Otro, quieren evitar que los pueblos del Tercer Mundo accedan a la democracia y a la modernidad.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Yo ya tengo mi papá

Y no necesito otro. Para ser exacto, al ser creyente, considero que tengo dos papás: el celestial, que me hizo absolutamente libre, por lo que no admito que ningún mortal que quite esa libertad; y el terrenal, un buen hombre y honrado coronel de ejército que puso sus reglas cuando era yo menor de edad, y que me dio mi libertad al madurar.

Pero ahora resulta que unos burócratas metiches me obligan a aportar mi dinero para construir campos deportivos y promover el deporte. ¿Me preguntaron si me interesa invertir en esas cosas?, claro que no. Como de costumbre, el Estado está ahí para vulnerar los derechos y la libertad de la gente, definiendo arbitrariamente lo que es bueno y lo que es malo para uno, y robándonos el dinero que con tanto esfuerzo logramos ganar.

Me refiero al proyecto de Ley presentado por Evo Morales el día lunes, por el que se va a elevar el impuesto a los cigarrillos y bebidas alcohólicas para destinar esos recursos a la promoción del deporte.

"A veces nos sentimos huérfanos económicamente para apoyar a los atletas, a los deportistas, pero también para campos deportivos, además de hacer eventos deportivos" ha dicho Morales. Pero no entiendo de qué orfandad hablan, si tienen a su disposición el dinero de los hidrocarburos, de las telecomunicaciones, fundiciones, refinerías, electricidad, etc. por lo que no hay por qué exprimir más al ciudadano trabajador, robándole el dinero de su esfuerzo con más impuestos.

“A la juventud se aleja de la perversión mediante el deporte" también ha dicho el Presidente. Eso debería decirle a su amigo Maradona, que aunque muy campeón del fútbol, no pudo alejarse de la “perversión” del consumo de drogas. También hay por ahí algunos presidentes, que aprovechan el fútbol para propinarles rodillazos en los genitales a los adversarios que les hacen enojar. Eso me parece una perversión.

El caso es que yo no necesito un papá Estado que me obligue a aportar dinero para una actividad que me parece absurda. Porque el fútbol me parece absurdo, no me gusta, y creo que tengo el derecho a ser consultado si es que se pretende que yo aporte para semejante ridiculez. Soy fumador, y tampoco me interesa tener un papá Estado que me diga si eso me hace daño o no, ni que pretenda disuadirme de hacerlo a través de la elevación de los impuestos. Ese es mi problema, mi libertad de elegir y decidir.

Algún día los ciudadanos se darán cuenta de que los impuestos no son más que un robo disfrazado de patriotismo. Son lo equivalente a quitarle a un individuo su billetera, sacarle su dinero, y destinarlo a una “buena causa”. Sigue siendo un robo ¿Quién dice que no hay ladrones que invierten sabiamente y en causas nobles el resultado de sus fechorías? Y no por eso vamos a justificar los asaltos.

Aunque ciertos vicepresidentes que participaron en asaltos a ciertas remesas de la U.M.S.S., también usaron el justificativo tonto de que el dinero era requerido para la “buena causa” de la revolución. Sigo creyendo que el robo es robo, sin importar las nobles causas que se esgriman en su favor, y sin interesar si quien lo comete es un ladrón de la calle o un burócrata del Estado.

La eliminación de los impuestos es una forma de ser libres, y una de las mejores para combatir la inflación, pues lo sueldos no se ven reducidos cuando el Estado viene a cobrar su tajada mal habida, y los productos bajan de precio porque ya no pagan impuestos ni aranceles a la importación. Los impuestos son un robo y son señales de servidumbre, porque el Estado nos obliga a trabajar para él.

Seguridad jurídica

El jueves de la semana pasada asistí a la presentación del resultado del proyecto de saneamiento legislativo, financiado e impulsado por el invaluable apoyo del programa CONCED de la GTZ, que es la cooperación alemana, a iniciativa de la Vicepresidencia del Estado.

Se trata de un disco compacto con el conjunto de leyes sancionadas y promulgadas en Bolivia, y ordenadas sistemáticamente. Algunas de las cosas más interesantes de este trabajo, son que deja en claro cuáles leyes aún están en vigencia, esclareciendo y precisando qué artículos o normas completas han sido derogadas o abrogadas implícita o explícitamente, de tal forma que establece cuáles son los efectos concretos de la clásica disposición transitoria de “quedan derogadas y abrogadas todas las normas que contradigan la presente Ley”; por otro lado, también contiene una interesante matriz comparativa entre las distintas leyes y la Constitución, que expone en que magnitudes son compatibles, poco compatibles o incompatibles entre sí, explicando por qué y mostrando posibles vías para solucionar incompatibilidades.

No puedo hacer más que felicitar y agradecer a la GTZ por el trabajo realizado, y también a la Vicepresidencia, pues aunque este problema no era el único escollo para lograr seguridad jurídica, indudablemente conocer con precisión cuáles o qué partes de las leyes están vigentes, es un componente importante de ella.

Debo decir, sin embargo, que continúo preocupado por otros componentes esenciales para que exista verdadera seguridad jurídica. Me refiero a la claridad de las normas, y a la fortaleza del Estado.

Y es que no sirve de nada que conozcamos con precisión cuáles son las leyes que están en vigencia, mientras tengamos algunas tan absurdas como la Ley Contra el Racismo, que propicia peligrosísimos márgenes de interpretación para que los burócratas del gobierno se dediquen a controlar y censurar el pensamiento y la opinión. Será inútil conocer cuáles son las leyes que están vigentes, si de todos modos no sabemos cómo diablos se irán a interpretar. Esto es los mismo que no saber nada, pues la libre interpretación es sinónimo de libre capricho del burócrata, lo que, a la vez, es equivalente a tener normas que legalizan nuestro sometimiento a dichos caprichos.

Por otro lado, la fortaleza del Estado, que no es más que su capacidad de hacer cumplir la ley, es necesaria para que esas normas efectivamente se cumplan. De nada sirve que la Constitución diga en su artículo 18 que “la máxima sanción penal será de treinta años de privación de libertad, sin derecho a indulto.” si cotidianamente se perpetran asesinatos comunitarios, sin que el Estado asuma ningún control. Tampoco sirve de nada que el artículo 21 nos brinde el derecho “A expresar y difundir libremente pensamientos u opiniones por cualquier medio de comunicación, de forma oral, escrita o visual, individual o colectiva.” O que el 106 diga que “El Estado garantiza a las bolivianas y los bolivianos el derecho a la libertad de expresión, de opinión y de información, a la rectificación y a la réplica, y el derecho a emitir libremente las ideas por cualquier medio de difusión, sin censura previa.” si el mismo Gobierno aprueba una Ley que elimina esta libertad y establece la censura previa.

Finalmente, la protección para los individuos frente a leyes injustas y coartadoras de derechos, así como una estructura normativa que limite el poder del Gobierno, también es parte de la seguridad jurídica. Por lo que aún hay mucho trabajo pendiente.

martes, 26 de octubre de 2010

Periodismo “sucio”

Aún en una situación en que existieran algunos medios de comunicación que expresen la posición de grupos particulares -como es el caso de los medios estatales que evidentemente son portaestandartes de la voz del oficialismo- no habría razón suficiente para restringir la libre expresión.

El Presidente ha dicho alguna vez que existirían “periodistas sucios”. Él debe saber muy bien eso, pues es bien conocido que cuando era dirigente en el Chapare organizaba reuniones con muchos periodistas, a los que trataba muy bien, y quienes se encargaron de que el hoy Presidente de Bolivia reciba más cámara y micrófono del que probablemente hubiera tenido en condiciones normales. Muchos de esos periodistas han ocupado y ocupan posiciones en su Gobierno.

De todos modos, a pesar de que está demostrado que la libre expresión no necesariamente garantiza neutralidad, la necesitamos para preservar la libertad. Libertad para ser neutrales, o para defender posiciones y criterios que creemos positivos, mejores o convenientes.

Pero utilicemos las palabras del Presidente, y califiquemos de “sucio” al periodismo que miente y manipula la verdad, para abordar el siguiente razonamiento:

Ciertamente que nadie quiere recibir “suciedad” en lugar de información, ni “suciedad” en lugar de razonamiento y argumentos válidos. Nosotros, como seres humanos amantes de la honestidad, y como buenos ciudadanos, quisiéramos que nuestros compatriotas reciban solamente verdad, y protegerles de toda “suciedad”.

Pero ¿cómo saber si lo que nosotros consideramos verdad no es en realidad “suciedad”?. Aún si yo estuviese convencido de que tengo en mis manos las verdades más profundas de la historia y la humanidad ¿sería, por ello, legítimo que se me permitiera eliminar todo tipo de opinión diferente, con el fin de preservarla, y de conseguir que la gente solamente reciba verdad?, ¿y qué sucedería si después de muchos años de difundir verdad, descubrimos todos que aquello que creíamos cierto, no era más que la completa y la más grande “suciedad”?, ¿Qué haríamos con todas las ideas y opiniones, todas las voces silenciadas, que potencialmente podrían haber sido las verdaderas verdades?

Tratar de determinar qué es “suciedad” y qué verdad es creer que somos Dios y jugar a serlo. Por mi absurdamente dogmático convencimiento de que lo que tengo en mi cabeza es la verdad, puedo condenar a toda una sociedad a vivir de la “suciedad” durante muchos años. ¿Acaso los seres humanos no tenemos similares capacidades para distinguir la verdad de la “suciedad”?, ¿quiénes nos creemos que somos para decidir, por toda y para toda una colectividad, lo que debe conocer y lo que no?

La verdad no necesita de censores para prevalecer, se vale por sí misma para ello y siempre ha sido así. En realidad, todos los regímenes de la historia que han diseñado mecanismos para garantizar la preeminencia de su verdad, lo único que han conseguido ha sido llenar de “suciedad” las mentes de las personas.

Dejemos libre el derecho de la gente a expresarse libremente, y permitamos al periodismo trabajar con seguridad y tranquilidad, sin que unas leyes lo intimiden y le obliguen a autocensurarse, y veremos que en muy poco tiempo, menos del que esperamos, descubriremos cuál es el periodismo “sucio”.

Pero si nos quedamos sin opciones, si el único mensaje que recibimos es el oficial, podríamos estar condenándonos a vivir con la “suciedad” ocupando el lugar de la verdad.

jueves, 14 de octubre de 2010

Evo Morales presencia un milagro del capitalismo

El rescate de los mineros atrapados desde el 5 de agosto pasado en Chile ya es un record Guiness, no sólo porque nadie antes en la historia había sobrevivido tanto tiempo atrapado bajo tierra, sino porque es un rescate a profundidad terrestre nunca antes visto.

Pero el deseo del Presidente Morales por presenciar la operación de rescate va más allá de la simple voluntad de haber estado presente durante un acontecimiento nunca antes visto. Se trata de la necesidad de conseguir algo de prestigio urgentemente.

Y es que la forma eficiente y positiva en la que ha actuado el Gobierno chileno en este problema, ha significado para su Presidente, Sebastián Piñera, un halo de éxito de gran rentabilidad política, y Evo Morales, a quien últimamente no le va muy bien resolviendo los problemas de sus propios ciudadanos, pretende que algo de ese prestigio y popularidad le sean transmitidos a través de su presencia en la República de Chile.

La visita de Morales a Chile es, en los hechos, una jugada de marketing político, que pretende mostrar al Presidente de Bolivia presente en un lugar desde donde ya se respira e irradia éxito. Éxito político, éxito tecnológico, éxito espiritual y éxito económico.

Todo este éxito, sin embargo, es fruto de aquellas cosas que Evo Morales ha estado y continúa despreciando. La victoria del rescate de los 33 mineros, es el testimonio de un país que hace ya mucho tiempo decidió ser parte de la globalización, abrir sus fronteras mentales y económicas, y entrar de lleno en el desarrollo y el progreso.

Todos los principios liberales de respeto a la vida, la libertad, la propiedad privada, la iniciativa económica, las inversiones, la libre expresión, el Estado de derecho y otros, han determinado el sitial de la República de Chile, como un país en el que los individuos y, por supuesto, su Estado, ponen a la ciencia, la tecnología y el capital al servicio del ser humano, para alcanzar el bienestar, para salvar vidas y para obtener comodidades.

No logramos tener ni la más remota sospecha de lo que se habría logrado en Chile, si es que en lugar de los beneficios del capitalismo, se hubiera decidido acudir a la “sabiduría ancestral” de los originarios de América.

La presencia de Morales en el rescate, y nuestra posibilidad de verlo por televisión, deberían causar que nos pongamos a pensar seriamente a dónde queremos llegar. ¿Queremos poder rescatar a nuestros compatriotas el día en que se encuentren en una situación similar?, ¿Queremos un Estado con la capacidad y los recursos necesarios para proteger a la gente?, ¿Queremos desarrollo, bienestar y progreso? Si es así, entonces deberíamos revisar seriamente los métodos y caminos elegidos, que nos conducen a un destino totalmente opuesto al que ambicionamos, y deberíamos reencauzar nuestros esfuerzos en el mismo sentido en que lo ha hacho la República de Chile hace ya tantos años.

Escrito para el portal www.boliviademocratica.net

viernes, 8 de octubre de 2010

Vargas Llosa y Xiabo: Luchadores por la libertad

Mario Vargas Llosa, prominente escritor latinoamericano y férreo luchador por la libertad, ha recibido el premio Nóbel de literatura, por una carrera literaria en la que logró combinar todo lo que a los latinoamericanos nos caracteriza y preocupa, junto con sus firmes convicciones en defensa de la democracia y la libertad, y su incansable crítica y lucha contra cualquier tipo de tiranía.

El propio Vargas Llosa ha declarado "Yo no creo que vaya a cambiar con motivo de este premio, voy a seguir escribiendo sobre las cosas que más me estimulan", "Voy a seguir defendiendo pues las ideas que tengo, la defensa de la democracia, la defensa de la libertad, la defensa de la opción liberal, las críticas a toda forma de autoritarismo".

Además, expuso su perspectiva sobre la inevitable relación entre la escritura latinoamericana y los ingredientes políticos, diciendo que "En Latinoamérica no hemos resuelto aún problemas básicos como la libertad, instituciones estables, tolerancia, coexistencia en la diversidad. Seguimos teniendo de fondo en América Latina esta tradición atroz de autoritarismo y brutalidad en la política, por lo que es muy difícil para un escritor latinoamericano evadir la política y estos problemas, que van más allá de la política, son civiles, morales".

También hizo un análisis sobre la situación política de la región, en el que destacó tanto cosas buenas como cosas malas. El escritor dijo que "Hoy día tenemos muchas menos dictaduras en América Latina que en el pasado. Hoy día tenemos gobiernos de derecha y gobiernos de izquierda que son democráticos, eso es una gran novedad".

Pero también mencionó que "Lo que representa un retroceso es que todavía tengamos Cuba, tengamos Venezuela", "Mi impresión es que esa corriente, que es una corriente autoritaria, antidemocrática, es una corriente que está como de salida, que cada vez hay menos apoyo, menos respaldo popular, como se acaba de ver por ejemplo en las elecciones venezolanas".

Evidentemente, en esta parte del mundo, el premio otorgado a Vargas Llosa no sólo genera simpatía y adhesión, sino también un subrepticio rechazo por parte de los regímenes que se están empeñando en eliminar precisamente esa libertad que el escritor defiende, y que no pueden menos que lamentar la hora en que el Comité Nóbel destacó el trabajo de nada más y nada menos que: un liberal.

Al otro lado del mundo, se vive una situación similar, pues la misma organización le ha otorgado el Nóbel de la paz al disidente chino Liu Xiabo, de 54 años de edad, "por su larga y no violenta lucha a favor de los derechos humanos fundamentales en China".

En un documento del cual fue coautor, llamado Carta 08, Xiabo pidió mayor libertad y el fin de la hegemonía política del Partido Comunista. La policía china lo arrestó algunas horas antes de que pudiera difundir la Carta 08, en diciembre del año 2008, y fue declarado culpable de subversión por escribir la Carta y otros mensajes políticos, con una condena de 11 años de prisión.

Este galardón tampoco ha sido bien recibido al otro lado del mundo, pues el gobierno chino ha recriminado al Comité Nóbel por honrar a un “criminal”, y ha suprimido la noticia de todo medio de comunicación en la China, así como bloqueado todos los sitios de la red Internet que han informado sobre el premio.

La noticia de la entrega de ambos Nóbeles, en extremos opuestos del Globo, ha sido una molestia para todo tirano y frente a todo régimen autoritario y totalitario, pues se trata de galardonar y reconocer el trabajo de defensores de la libertad que, para colmo de males, son activistas pacíficos de la misma.

Para www.boliviademocratica.net, y para todas las almas libertarias de Bolivia y del mundo, el reconocimiento a estos dos seres humanos es un orgullo y una razón de regocijo.

Escrito para el portal www.boliviademocratica.net

El precio de la libertad es la eterna vigilancia (Thomas Jefferson)

Muchos pensadores, durante la historia de la humanidad, han descubierto, y luego afirmado, que la libertad es un preciado bien que nunca deja de correr riesgo frente a los poderosos, y que los individuos deben vivir constantemente alertas contra todos los peligros que invariablemente la acechan.

Y es que la libertad no necesariamente se la pierde de golpe, sino que también puede desaparecer a través de un proceso de cambios de la forma en que los poderosos se relacionan con los individuos, en el que aquellos vayan reduciendo, poco a poco, y arguyendo los más nobles fines e ideales, el margen y las posibilidades de libre acción de éstos. De esta forma, el resultado final es que los individuos vuelven al estado de servidumbre, y se convierten en medios para que los poderosos de turno alcancen los fines particulares que ellos mismos ha trazado.

Pero perder la libertad no solamente requiere de poderosos que estén dispuestos a arrebatársela a una sociedad, sino, y principalmente, de individuos descuidados e incautos que no la valoran, que no la cuidan, y que están dispuestos a cederla a cambio de beneficios y de promesas de mayor seguridad y menos responsabilidad por sus propias vidas.

Es esta combinación fatal la que causa que hoy, en Bolivia, se haya aprobado una ley que elimina la posibilidad de que los ciudadanos nos expresemos libremente, sin temor a que un juez nos encarcele por decir lo que pensamos; que los padres de familia reciban con aplausos la idea de que se establezca un toque de queda para que los jóvenes menores de edad regresen a sus hogares temprano, so pena de ser castigados por funcionarios del Estado; que tengamos una Ley de Autonomías que posibilita que los fiscales suspendan a autoridades con una simple acusación, ignorando por completo la voluntad de quienes las eligieron; y tantas otras normas que se están incorporando en la estructura jurídica del país, y que están consiguiendo que la libertad, como el personaje de de Joaquin Lavado (Quino), sea cada vez más pequeña.

Escrito para el portal www.boliviademocratica.net

martes, 21 de septiembre de 2010

Libertad… ¿para qué?

Es la frase con que Lenin expresó su desdén hacia el principal valor por el que los seres humanos hemos luchado durante siglos, aboliendo la esclavitud y los regímenes totalitarios, e intentando diseñar formas institucionales que garantizasen que esa libertad conseguida no se pierda fácilmente.

La respuesta que alguien le debería haber dado a Vladimir Ilich es: “para lo que nos de la gana, no es asunto tuyo”.

Y es que mientras el individuo no utilice su libertad para vulnerar la de otros, no es asunto de ningún gobernante quién, cómo, dónde, por qué y para qué la usa.

¿Para qué sirve la libertad? Simplemente para eso, para ser libres. Habrá quienes quieran aprovecharla al máximo y hacer todo lo que el ejercicio de su libertad les permite, y tratarán de conocer todos los lugares, los climas, los paisajes, las personas. Pretenderán que son mochileros, y se afanarán por explorar hasta la última posibilidad que su libre arbitrio les brinde.

Otros habrá que se esforzarán por potenciar al máximo su creatividad y su talento, intentando hacerse inmortales a través de alguna obra, o simplemente porque les place, o tal vez porque quieren ganar dinero, o quién sabe por que otras razones más (el que ejerce su libertad es quien lo sabe). “Son criaturas ambiciosas, pretenciosas o ególatras” dirá alguien. ¿Y qué nos importa siempre y cuando no vulneren libertad y derechos de otros?

Otros tantos preferirán sentirse libres de no hacer nada, de empeñar el mínimo esfuerzo, apenas necesario para tener lo esencial, mientras disfrutan de cosas tan simples como ver todas las películas que la industria hollywoodiense ha producido, reír con la vulgaridad del show de Tinelli, o mirar mujeres u hombres semidesnudos (y también desnudos) en televisión, Internet y revistas. “Son criaturas conformistas” exclamará alguien por ahí. ¿Y qué diablos nos importa, mientras no vulneren libertad y derechos de otros?

Los “para qués” de la libertad son múltiples, y sus fines son tan distintos como distintos somos los seres humanos. No hay grupo de expertos ni máquina genial capaz de conocer siquiera un mínimo porcentaje de los fines que los individuos de un orden social persiguen, al hacer uso de su libertad.

Los individuos apreciamos muchísimo nuestra libertad. El único problema es que muchos somos conscientes de su valor, la identificamos con nombre y apellido, al igual que a las acciones que la podrían poner en peligro, mientras que otros aún no se han dado cuenta de que sus vidas no serían ni posibles ni soportables si libertad, y pretenden entregarla a cambio de seguridades que ofrecen los poderosos, o simplemente aún no son conscientes de que sus actividades como comerciantes, dirigentes, especuladores, artistas, bohemios, estudiantes, etc. no serían posibles sin libertad.

Muchos Gobiernos han pretendido saber mejor que las personas cuáles deben ser sus metas; han detestado ver “el caos” dentro del orden social, han deseado que todo ciudadano enfoque sus esfuerzos personales hacia una gran causa común por el bienestar general, y han asumido políticas para lograrlo. Han eliminado la libertad, porque se creían con la autoridad de definir su “para qué” en nombre de todos los individuos, o simplemente la veían como un estorbo o una inutilidad.

En Bolivia, a plan de leyes para controlarlo todo, nos están haciendo lo mismo. Algunos ya nos hemos dado cuenta hace mucho ¿cuándo se enterará usted?

sábado, 18 de septiembre de 2010

Encuesta mensual


Iniciamos las encuestas mensuales de "Veni, vidi, vici" con la pregunta ¿Conoce usted la filosofía de la libertad? en base a cuyos resultados, que se mantendrán públicos en este blog, generaremos contenido nuevo.

El lector queda cordialmente invitado a participar.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Fidel y los modelos económicos

El ex presidente de facto de Cuba, y líder de la revolución de 1959, Fidel Castro, había admitido (o al menos es lo que hizo entender a la opinión pública mundial), que el modelo económico de planificación estatal no funcionaba ni para la propia Cuba.

"el modelo cubano ya no funciona ni para nosotros" dijo en entrevista con The Atlantic, dirigida por el entrevistador Jeffrey Goldberg y la periodista Julia Sweig.

Lo que la frase dio a entender fue que Castro reconocía el fracaso del modelo económico comunista de planificación estatal, que apoyaba las reformas que, de manera gradual, se han venido ejecutando en Cuba desde que su hermano, Raúl Castro, asumió la presidencia de facto, y que reconocía la necesidad de libre acción económica dentro de un orden social.

Sin embargo, menos de cuatro días después, en la Universidad de la Habana, afirmó "Mi idea, como todo el mundo conoce, es que el sistema capitalista ya no sirve ni para Estados Unidos, ni para el mundo, al que conduce de crisis en crisis que son cada vez más globales y repetidas (...) ¿Cómo podría servir semejante sistema para un país socialista como Cuba?".

Pero entonces ¿cuál es el modelo que sí serviría, tanto para Cuba como para el mundo? Fidel Castro no lo dijo, lo que hace suponer que en realidad no tiene en mente ninguna propuesta de modelo alternativa tanto al comunista como al capitalista.

Esta contradicción acompañada de falta de propuestas podría explicarse sobre la base del siguiente razonamiento:

En primer lugar, dejaremos de lado las frases “modelo económico comunista” y “modelo económico capitalista”

En segundo lugar, tendremos que convenir en que en realidad existen, con variantes y matices, dos formas de funcionamiento del orden económico, a saber: 1) El orden espontáneo, en el que la acción económica de los individuos es libre, pues no está sometida a los designios de un ente central planificador, y 2) El orden planificado, en el que la acción económica del individuo no es libre, pues es planificada por una burocracia centralizada que define la orientación y los fines del esfuerzo individual.

En tercer lugar, y sobre la base del primer y segundo puntos, podemos generar las siguientes hipótesis: a) Castro admite que el orden económico sometido a una férrea planificación es el que no funciona, por lo que se ha convertido en un partidario de las planificaciones selectivas y parciales. Es decir, que se ha vuelto un keynesiano. b) Castro sabe que solamente con la libre acción económica se puede salir de la eterna e indefinida bancarrota de su país, pero teme decirlo, y está buscando articular una forma de “ser capitalista sin ser capitalista”, o al menos sin admitirlo. c) Castro cree que existe una tercera vía, pero aún no la ha encontrado. d) (La menos probable) Castro está preparando el camino para que, de manera gradual, Cuba se convierta en una sociedad libre.

No sabemos, a ciencia cierta, qué es lo que se trae entre manos el ex presidente de facto de Cuba, Fidel Castro, pero lo seguro es que algo está en movimiento por aquellos lugares, y más temprano que tarde nos enteraremos de lo que se trata.

Escrito para el portal http://www.boliviademocratica.net/

lunes, 6 de septiembre de 2010

La democracia no es esencial

Así dicho, pareciera la afirmación de un partidario de algún tipo de sistema totalitario. Sin embargo, la sentencia que pongo hoy como título de esta columna, tiene una explicación.

Solemos olvidar el espíritu por el que fue inventada la democracia, y por el que fue evolucionando y perfeccionándose, para pasar de ese sistema rústico puesto en práctica por los griegos, tan simple como el origen etimológico de la palabra (demos=muchos, cratos=gobierno) “gobierno de muchos”; hasta el sistema complejo que hoy conocemos, con Constituciones, derechos de los individuos, división y equilibrio de poderes, voto secreto, universal y directo, y garantías para las libertades.

Ese espíritu era ni más ni menos que garantizar que las tiranías, derrotadas y desterradas, no volvieran a presentarse ante las personas para volver a robarles su libertad y su individualidad.

Comprendiendo el espíritu de la democracia, se puede concluir que este sistema de gobierno no es más que una herramienta, un medio para preservar el supremo fin de la libertad.

Los demócratas a ultranza, sin embargo, piensan en el sistema democrático como un fin. ¿Cuál fin? Que las decisiones dentro de un orden social sean tomadas de manera mayoritaria. Esta visión conlleva el peligro de que se reemplace la tiranía de uno o de unos pocos, por la tiranía de muchos o de la mayoría, y deje por los suelos el espíritu de la democracia.

Para un demócrata doctrinario, por ejemplo, podría ser lícito que si la mayoría decidiese suprimir los derechos de uno o más individuos, se tome esa decisión por legítima y se ejecute sin mayores consideraciones.

Sin embargo, deberíamos convenir en que los derechos individuales y, sobre todo, la libertad, no deben someterse jamás a votación. Ningún individuo tiene el derecho, por sí solo, de suprimir la libertad (que es esclavitud), de quitar la vida (que es asesinato) o de arrebatar la propiedad (que es robo), por lo que lógicamente tampoco tendría por que otorgar ese derecho a otros, por más mayoritaria que pudiera ser la exigencia de hacerlo.

El sistema democrático de gobierno sustenta su legitimidad en el hecho de ser el mejor conocido para la preservación de la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Al dejar de preservar dichos derechos, pierde esa legitimidad, y la sociedad afectada puede perfectamente descartarlo e instalar otro sistema que respete esos principios fundamentales.

Isaiah Berlin, decía que “…el autogobierno puede proveer de una mejor garantía para la preservación de las libertades civiles. […] Pero no existe ninguna conexión necesaria entre la libertad individual y la regla democrática.”

Si un gobierno monárquico, que concentrara todos los poderes en manos de una nobleza, concediera, sin embargo, mayores libertades a sus súbditos que, por ejemplo, el gobierno democrático de Venezuela ¿no sería legítimo preferir tal monarquía a una democracia opresora de las libertades y los derechos?

¿Cuál el sentido de una democracia si no sirve a la protección de la libertad y los derechos fundamentales de los individuos?

Podemos concluir, entonces, que lo esencial para los seres humanos es el respeto de sus vidas, de su libertad, y del fruto de su trabajo y esfuerzo, que es su propiedad: ¿La democracia? La democracia no es esencial, y puede ser descartada si se transforma en una tiranía, así cuente con el respaldo popular.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Abuso de poder

¿Qué es el abuso de poder?

Para responder a esta pregunta, primero se deben establecer ciertos parámetros mínimos que sirvan para la discusión.

Inicialmente debemos convenir en que durante miles de años de evolución, el ser humano logró descubrir los principios rectores para la construcción de un orden social libre. Tales principios son, básicamente, el respeto a la vida del individuo, a su libertad y a su propiedad.

Adicionalmente, se definieron mecanismos para proteger tales principios, a través del establecimiento de instituciones de gobierno que cuenten con la fuerza necesaria para hacerlos respetar pero que, a la vez, sean limitados en su poder y fuerza para evitar que dichas instituciones se conviertan en las que vulneren los mismos. Estos mecanismos son la igualdad ante la ley para todos los individuos, la justicia como ecuanimidad, y un sistema de gobierno democrático.

El sistema de gobierno democrático, a su vez, debe contar con ciertos componentes que se le ha incorporado durante su larga evolución, desde la democracia griega hasta nuestros días. Estos componentes son: 1) Que sea un sistema de gobierno opuesto a todo tipo de dictadura, incluida la de la mayoría. 2) Que permita a las personas elegir libremente a quienes habrán de administrar el poder gubernativo, a través del voto secreto, universal y directo. 3) Que la libre expresión y el pluralismo político sean elementos indispensables dentro de la práctica democrática. 4) Que la estructura institucional de la democracia esté dividida en tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), dispersando el poder y evitando a toda costa su concentración en una o en pocas manos. 5) La necesidad de que la democracia se constituya en un mecanismo para la protección de los tres principios rectores de un orden social libre, y no en un fin en sí mismo.

Es a partir de aquí que podemos definir lo que es el abuso de poder:

Abuso de poder es cuando a partir de un individuo o grupo de individuos, o desde una institución, y sin importan por cuántos otros éstos sean alentados, se vulnera la vida, la libertad o la propiedad de uno o más individuos.

Estos principios, que son derechos fundamentales de los seres humanos, no pueden someterse a votación, o ponerse a consideración de las masas. Ningún gobierno, ni ninguna autoridad, por muy abrumador que fuera su apoyo popular, tiene el derecho ni la legitimidad para vulnerar la vida, la libertad y la propiedad de una o más personas. Hacerlo, es un abuso de poder.

Colateralmente, también será un abuso de poder el violentar las instituciones y mecanismos de gobierno destinadas a proteger dichos principios. En este punto se debe dejar algo muy claro: Las instituciones de gobierno tienen una razón de ser y de existir, y deben ser protegidas si, y sólo si, sirven a la preservación de la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Las instituciones instauradas por una dictadura, por ejemplo, que son herramientas para que los déspotas conserven el poder y lo utilicen arbitrariamente vulnerando estos principios fundamentales de un orden social libre, pueden y deben ser destruidas, porque no cuidan al individuo, sino al déspota.

Pero cuando las instituciones de gobierno tienen como fin la protección de la gente, éstas deben ser, a la vez, protegidas por las personas.

Todo este andamiaje de principios, instituciones y protecciones mutuas, ha sido concebido para evitar que tanto nuestros vecinos del barrio, como nuestros gobernantes, tengan el poder para quitarnos la vida, que es asesinato; la libertad, que es esclavitud; y/o la propiedad, que es robo. En pocas palabras, hemos diseñado todo esto para evitar el abuso de poder.

Escrito para el portal http://www.boliviademocratica.net/

viernes, 3 de septiembre de 2010

¡Freiheit!

Esa era la palabra puesta en graffiti sobre un trozo del muro de Berlín, suspendido ante los alemanes del este por el brazo mecánico de una potente máquina. Caía el muro de la vergüenza comunista, caía la franja de la muerte marxista, se derrumbaba la servidumbre, el mundo presenciaba, enternecido, la prueba más contundente y descarnada de que el socialismo, inspirado en las homicidas ideas de Marx, Lenin y otros, no era más que un conjunto de mentiras y errores que robaban la libertad al individuo, destruyendo la dignidad humana, y causando sólo miseria, hambre y represión.

Pero el muro no cayó por sí sólo, ni por voluntad de los burócratas comunistas que se deleitaban disponiendo de las vidas de sus ciudadanos. Tuvieron que morir muchas personas durante décadas, tantas, que superan con creces las vidas perdidas por causa de esa otra criminal aventura colectivista llamada nazismo. Tuvieron que despertar los luchadores por la libertad como Lech Walesa, un electricista desempleado de la Polonia Comunista y líder del sindicato Solidaridad. Y fue necesaria la asistencia de la autoridad moral y lucha libertaria de Juan Pablo II, Margaret Tatcher, y Ronald Reagan.

El muro no dio más, el error burocrático de un dirigente comunista, anunciando que se le permitiría a los alemanes del este traspasarlo “a partir de ahora”, cuando en realidad se refería que a partir de ese instante se tramitarían permisos de viaje que entrarían en vigencia desde el día siguiente, fue equivalente a manifestar que se abrían las puertas del infierno. Multitudes de individuos se dirigieron a las salidas, lo militares tenían municiones y armas superiores a las necesarias para una guerra, pero nunca las usarían, tendrían que haber asesinado a las decenas de miles de personas que decidieron dejar de esperar a que los comunistas les devuelvan su libertad, y comenzaron a recuperarla a plan de picotazos y combazos contra la pared que había hecho de su país una gran cárcel. Los regímenes socialistas, hasta hoy, son los únicos que necesitan vigilar militarmente sus fronteras para evitar que las personas huyan despavoridas del paraíso.

Sin libertad no hay vida que valga, y sin dignidad dejamos de ser humanos. Thomas Jefferson dijo un día que “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”, y la primera ministra de Alemania, Angela Merkel, dijo este lunes que “la libertad no debe contemplarse como un bien sobreentendido, sino como algo por lo que se debe luchar y defender cada día”. La verdad de estas afirmaciones radica en el hecho de que siempre hay personas deseosas de disponer de las vidas de otros, tiranos dispuestos a construir nuevos muros y nuevos infiernos para sus ciudadanos, seres desquiciados y desequilibrados que buscan, nuevamente, ladrillo a ladrillo, arrebatarle al individuo su libertad y su dignidad, siempre camuflando su maldad y su sed de poder sin límites con buenas intenciones, promesas de construcción de paraísos, ilusiones redistributivas y espejismos de justicia social.

“Dame tu libertad y yo te doy seguridad” dicen los tiranos, y muchas personas les responden que sí. “Necesito más poder para ayudarte” dicen los totalitarios, y la gente les entrega ese poder desde las armas o desde las urnas. “Necesitamos grandes sacrificios” piden los criminales, y las masas ingenuas se sacrifican una y otra vez, entregan sus trabajos, sus pensamientos, sus vidas, y mueren sin ver jamás el paraíso prometido, y les dejan a sus hijos el infierno que ayudaron a construir.

Este lunes hemos recordado que hace veinte años, somos nosotros, los liberales, los luchadores por la libertad, quienes hemos triunfado sobre el totalitarismo, quienes hemos descubierto ya hace cientos de años la mejor de las ideas: Dejad en paz al individuo, permitid que sea él quien construya su propio paraíso, que cada quien decida sus metas y cómo alcanzarlas, que cada uno tome sus propias decisiones y cometa sus propios errores, y sólo exigidle que respete la libertad de sus semejantes.

Hoy, en Bolivia, los totalitarios internos nos han desafiado a una nueva batalla, están instalando las mismas ideas utilizando otras palabras, quieren levantar un nuevo muro para convertir nuestro país en una cárcel, y no importa el material con que se lo construya.

Por eso están calladitos estos días, no pueden festejar por la libertad, como lo hacemos nosotros, pero tampoco pueden hablar contra ella; la sola palabra se les atraganta al pronunciarla, decir libertad es como orar un Padre Nuestro para un endemoniado; saben que lo que hacen, el poder que piden, y el país que proponen, no son más que el camino de servidumbre.

Les tengo una buena noticia: Nosotros ganaremos y ellos perderán… como siempre. De nosotros dependerá cuán larga tenga que ser esta nueva batalla.

miércoles, 7 de enero de 2009

Prima Nocte

O prima noctis. Así se llamaba el privilegio por el que los señores feudales de Inglaterra tenían el derecho de tener sexo con las esposas de sus súbditos en la primera noche de bodas. Fue y es considerado un abuso porque al otorgar tal privilegio, el rey aplicaba su poder para obligar a los recién casados a hacer algo que no querían, no porque él fuera rey, ni porque fuera uno solo, sino porque estaba obligándoles a hacer algo sin su consentimiento. ¿Y era un abuso contra quién? No contra la comunidad, ni siquiera un abuso contra la pareja, sino específicamente contra la mujer, contra la libertad de la mujer de acostarse con quien le diera la gana cuando le diera la gana.

¿Qué hubiera pasado si el monarca decidía consultar primero al marido si estaba de acuerdo con prestar a su mujer en la primera noche de bodas? A no ser que el hombre tuviera alguna perversa fijación con compartir a su mujer con su señor, seguramente se hubiera negado. ¿Y si el monarca le hubiese ofrecido una cuantiosa suma en oro para que accediera, al estilo de la propuesta indecente de Hollywood? Pues dependiendo de la codicia y/o corruptibilidad del hombre, éste se hubiese negado o no. Pero asumiendo que el marido era o perverso, o muy codicioso, o muy corrupto, y hubiese accedido a alguna de las propuestas de su señor, por el hecho de contar con la aprobación del marido ¿la prima nocte hubiera dejado de ser un abuso? Por supuesto que no, seguiría siendo un abuso contra la mujer, contra su libertad de acostarse con quien le dé la gana cuando le dé la gana.

¿Qué hubiera sucedido si el monarca organizaba un plebiscito o un referéndum para que su ley contara con la aprobación de la comunidad? Si dicha comunidad tuviese algún especial gusto por la promiscuidad, probablemente podría acceder a aprobar dicha ley, pero recordando un poco las características de la sociedad inglesa antigua lo veo poco probable. Pero ¿y si el monarca les hubiese prometido otorgarles tierras y riquezas a cambio de aprobar su ley en consulta popular? Si dicha comunidad tiene muy débiles los principios, o directamente no los tiene, posiblemente podría haber accedido y, en la consulta, hubiese ganado el “sí” hasta con los votos de muchas mujeres. En cualquiera de los casos, ya sea por perversión colectiva o por codicia comunitaria, habría sido la decisión de la mayoría y, de contar con la aprobación de la mayoría ¿la prima nocte hubiera dejado de ser un abuso para las mujeres que votaron por el “no”? Claro que no, seguiría siendo un abuso, aunque solo existiera una mujer que se oponga a tal privilegio, de todos modos sería un abuso para ella, contra su libertad de acostarse con quien le dé la gana cuando le dé la gana.

Y si esta vez los más sabios de la comunidad, los ancianos, los brujos, los más capacitados, los más lindos, los más originarios, los mejores o los más explotados, o tal vez los obreros, o quizás los indígenas, o probablemente los arios, o hasta los más religiosos, decidieran que es buena idea otorgar tan codiciado privilegio al noble señor, o a los extranjeros para atraer el turismo, o a los mercaderes para obtener beneficios, o por último para sí mismos ¿Dejaría la prima nocte de ser un abuso contra la mujer?

¿Y si en realidad no es a todas las mujeres que se quiere aplicar dicha ley? ¿Si es solamente a una, la única de tantas mujeres, y de manera excepcional, que se la quiere entregar a un hombre que, no es un noble, sino el general de un ejercito que va a exterminar a la comunidad, pero que puede ver sus ímpetus calmados por una noche con la bella mujer? Es decir que la estamos entregando, sin su consentimiento, por la salvación de la comunidad ¿Entonces deja de ser un abuso contra la mujer? ¡No, no, no, y no! Sigue siendo un abuso inadmisible contra su libertad de acostarse con quien le dé la gana y cuando le dé la gana.

El abuso no deja de ser abuso porque lo ejecute o lo apruebe el Presidente, los mejores, los más sabios, los indígenas, los proletarios o la mayoría. La libertad existe o no existe, y para que exista no debe aparecer ningún tercero que determine nuestras decisiones o nuestros comportamientos, ya sea este (el tercero) individual o colectivo. La libertad es un individuo frente a sus opciones, decidiéndose sin ser perturbado por nadie. Y esto va especialmente para los tontos que creen que, por estar aprobado en referéndums, pueden obligarnos a aceptar sus abusos y arbitrariedades.