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viernes, 28 de noviembre de 2008

Despertar del letargo

Algún día los bolivianos tendremos que hablar claro y dejarnos de boberías de que somos los herederos de un gran imperio en el que reinaban la equidad, la reciprocidad y la redistribución, que en el incario no existía el hambre y se respetaba la trilogía de leyes y otra yerbas, que nos han hecho creer, intelectualoides supuestamente científicos mediante, que fuimos unos “buenos salvajes”, que nuestra “maravillosa cultura” está en peligro de ser destruida por los valores occidentales, y que nuestra “avanzada civilización” ha superado a todo lo hasta hoy existente. Nada más absurdo, risible y ridículo.

Los incas fueron tan avanzados y tan poderosos que no lograron inventar ni la rueda ni la escritura. Fueron tan intelectuales que hace poco más de 500 años, aun no habían avanzado lo que Grecia hace poco menos de 2500. Era una civilización en la que aun se hacían sacrificios humanos, y dividida en castas en las que los nobles tenían privilegios sexuales sobre las hijas de los súbditos y de los pueblos conquistados. ¿Todo esto y más hace que tengamos que avergonzarnos de nuestro pasado? Por supuesto que no, solamente lo estoy recordando en un intento por iniciar el derrumbamiento del ídolo que la demagogia y la charlatanería europea han hecho de nuestro supuestamente glorioso pasado.

Una de las principales características del salvajismo, de la incivilización, es la irracionalidad. Son irracionales y por lo tanto salvajes las acciones acaecidas en Achacachi la semana pasada. Los habitantes de esa región (repito por si no ha quedado claro) son unos salvajes, así de simple y así de claro. Y no es la primera vez que en algunas regiones de Bolivia se dan abiertas manifestaciones de barbarie premoderna. Recuerdo al menos tres casos, dos en el altiplano y uno en los valles cochabambinos, en que los lugareños no solamente mataron, sino que se comieron a personas de la misma comunidad o ajenas a ella. ¿Qué tenemos que llamarle a eso? ¿Finas y caras tradiciones ancestrales que debemos cuidar y perpetuar? Yo creo que esa parte de nuestro “glorioso pasado”, tan irracional, tan salvaje, se debe erradicar… pero claro, solo podremos hacerlo cuando entremos en conciencia de que no somos “los hijos del sol”, herederos de un vasto y “majestuoso” imperio en que reinaban la paz, la felicidad y la armonía.

Pero la falta de capacidad de utilizar la cabeza no solamente se da en regiones rurales. ¿Por qué condenamos el robo? Porque es un mecanismo a través del que una persona se apodera de algo por lo que no ha trabajado, algo que no se merece, y que muy probablemente es el fruto del trabajo y el esfuerzo de otro. Condenamos el robo porque creemos (o deberíamos creer) que desear algo por lo que no se ha trabajado ni se pretende trabajar es irracional. Porque creemos (o deberíamos nuevamente) que los individuos tienen que alcanzar sus metas en base al esfuerzo y al trabajo intelectual y/o físico, con tesón, creatividad, responsabilidad, etc, etc.

Pero lo que sucede hoy en Bolivia es que todo quien pertenece a un movimiento social importante, con capacidad de perjudicar al resto, con la habilidad de violentar la libertad de otros individuos, ya se cree con el derecho de exigir todo lo que no se ha ganado, pero que quiere y desea. Ellos no lucharon por eso, no se esforzaron por eso, en fin, no se lo ganaron, pero están segurísimos de que tienen el derecho de tenerlo. Y en el caso de algunos grupos étnicos la cosa se ha tornado aun peor. A ellos, ser victimas se les ha convertido en un buen negocio. Porque fueron explotados en algún momento de la historia, se creen que lo merecen todo. Solo por el hecho de haber sido victimas, se han ganado el derecho de ser dueños del país entero, de todos los recursos naturales; se han ganado el derecho de exigir que el resto del país y la comunidad internacional los mantenga. Estamos actuando dentro de una ignorancia e irracionalidad tales, que nos creemos todas esas estupideces sin ponernos a pensar que no existe un solo rincón del planeta en que algún grupo no haya sido abusado y explotado, y no por eso decidieron llorar eternamente su pasado y exigir que los demás resuelvan sus problemas actuales.

Ejemplos de nuestra irracionalidad hay muchos más, pero la columna es chica. Tenemos que despertar, lo antes posible, del letargo de la autocompasión, el lloriqueo y la pereza intelectual, de otra forma Bolivia nunca va llegar a nada. Lo digo claramente, no importan las constituciones, los 500 años y las tradiciones, el color de la cara del Presidente u otras cosas, si no cambiamos de actitud, Bolivia no va a llegar nunca a ningún lugar, vamos a seguir tan mediocres como siempre y, al paso que vamos, aun peor.

Planificación estatal=hambre y represión

Hoy, muchos charlatanes empiezan a predicar con más fuerza y entusiasmo, que “Marx tenía razón” respecto del papel fundamental del Estado en el manejo de la economía. Que la crisis mundial (que no es más que un serio altibajo dentro del libre mercado), demuestra que el capitalismo no funciona y que la libertad es un error. Igual que en 1929, los planificadores se frotan las manos por la posibilidad de poner en práctica sus malsanas ideas de definir los destinos y acciones de los seres humanos, por las ganas que siempre han tenido de decirle qué hacer y hacia dónde orientar sus acciones a las personas.

Es por eso que este es un momento oportuno para recordarles a nuestros camaradas ávidos de estatismo, algunos de los “grandes y maravillosos logros” de la planificación centralizada allí en donde la pudieron practicarla a sus anchas.

En la Unión Soviética, con la colectivización de las granjas, la industrialización estatal centralizada y los trabajos forzados, fruto del hambre y la servidumbre de los individuos para el Estado, nuestros maravillosos planificadores lograron que de una población de 194,1 millones de personas en 1940, que en seis años (para 1946) debió haber llegado a los 213 millones, llegaran, en 1946 a 167 millones. Es decir, la desaparición en seis años, como por arte de magia, de 46 millones de ciudadanos, de los cuales, las proyecciones más optimistas indican que “solamente” habrían muerto 26 millones por el hambre y la represión. ¿Por qué hambre? Porque la colectivización de las granjas, muy lejos de incrementar la producción de alimentos, lo que consiguió fue destruirla. ¿Por qué represión? Porque el mantenimiento del sistema de partido único, cero oposición al régimen, y los regímenes de trabajos forzados, requieren de un Estado represor y asesino.

A continuación transcribo textualmente lo que dice Jean François Revel en su magistral obra “El conocimiento inútil” sobre el ejemplo etíope: “Después de una estancia en Etiopía, en los perores momentos de la represión llevada a cabo por el régimen comunista, en 1977, el notable dirigente comunista italiano Giancarlo Pajetta declaró que el clima social de Addis Abeba [el dictador comunista de Etiopía] recordaba, en el fondo, el de París durante la Revolución francesa. ‘Igual que en París en 1792 y 1793, uno puede enterarse al medio día- bromeaba Pajetta- de que el hombre con quien cenaba la noche anterior acababa de ser ejecutado’”

Ciertamente en el África los ejemplos han sobrado, ya hablemos de Burundi, Mozambique u otros, de lo que se ha tratado y se trata es de gobiernos “progresistas”, antiimperialistas, nacionalistas, colectivistas, socialistoides o afines, que en realidad son sinónimo de represión, racismo tribal causado por factores identitarios, genocidio, hambre y miseria medieval. Cuando en el mundo occidental se conocieron, en los años 80’s, las imágenes de los niños africanos hechos piel y hueso, y con las barrigas hinchadas por la desnutrición, no vimos otra cosa que el resultado de la aplicación del colectivismo socialista, de la planificación centralizada progresista, de los regímenes dignos y soberanos antiimperialistas. Todos asesorados por norcoreanos, soviéticos, alemanes del este u otros ciudadanos de países integrantes, simpatizantes y militantes, del imperialismo comunista.

“El mayor productor de hambre del siglo XX es el socialismo” dice Jean François Revel, y los hechos lo han demostrado. ¿Queremos poner en funcionamiento la fábrica de hambre otra vez? ¿Eso es en lo que Marx tenía razón?

Yo soy partidario de la planificación, sí, pero de la planificación individual, en que cada persona trata de tomar sus decisiones y planificar su vida con la mayor racionalidad posible y con la mayor previsión que le alcance. Es la planificación de la libertad. No es perfecta, no elimina por completo la pobreza y el hambre, pero elimina la miseria medieval y la represión; no trae la felicidad a la puerta de nuestras casas, pero nos brinda mayores posibilidades de utilizar nuestros propios esfuerzos y habilidades para traerla.

La planificación centralizada de manos de grupículos de “expertos” ya ha demostrado su vocación por el asesinato y el genocidio, esa planificación, no la queremos.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Organizando la fiesta

Por supuesto que es absurdo pretender celebrar un referéndum en pleno estado de sitio. La idea fundamental del estado de sitio (y por eso se le llama estado de excepción) es que, mientras esté vigente, excepcionalmente se suspenden las libertades constitucionales, por lo que, en los hechos, se ejerce el totalitarismo en las regiones afectadas. Los individuos que estén en contra de la bobería de texto constitucional del MAS, Podemos y UN ¿podrán reunirse, planificar una campaña por el “no”, y ejecutarla? Por supuesto que no, no vaya a ser que se los acuse de conspiración, se los secuestre y, encapuchados de por medio, se los lleve al campo de concentración en que se ha convertido la ciudad de La Paz. Entonces, cualquiera que piense que no existe ningún inconveniente en llevar a cabo un acto eleccionario en pleno orden dictatorial, sin libertades ni garantías, definitivamente es un completo burro (con los perdones pertinentes a esos nobles animales que no tienen la culpa de la infinitud de la estupidez humana).

Me refiero, principalmente, a ese matón de cuello blanco llamado Álvaro García Linera, que mientras se exhibe con su careta demócrata ante quien puede, no muestra reparos en portarse como un vulgar dictadorzuelo, no solo ignorando, sino desafiando y desobedeciendo dictámenes y avisos de órganos del Estado encabezados ¡vaya paradoja! por personas que el mismo gobierno ha elegido. ¿Esperaba mayor obediencia señor vicepresidente? ¿Imaginó que Exeni y los ministros de la Corte Suprema serían más sumisos? ¿Le enfurece que después de tanto trabajo de desmontaje, aun exista institucionalidad republicana que le impida mandar como en su hacienda?

El señor Exeni se está esforzando por complacerles, dándoles plazo para levantar el estado de sitio en lugar de suspender el referéndum inmediatamente, pero tampoco es tan descarado como para llevar adelante el acto eleccionario contra toda ley. Eso es lo que su mentecita de autócrata quisiera, pero no es así como funciona un Estado de derecho… aunque ciertamente, Bolivia hace mucho que se parece más a una república bananera que a un Estado de derecho.

En cuanto a las sentencias de la Corte Suprema, por eso se llama así: Corte Suprema de Justicia (aunque ciertamente hace mucho que abandoné la esperanza de que sus mentecitas totalitarias lo entiendan), porque ellos, como parte del órgano judicial de nuestra moribunda República de Bolivia, son responsables de la administración de justicia y no ustedes. Si el ejecutivo, en complicidad con el legislativo (es decir MAS, Podemos y UN) quieren mantener a Leopoldo Fernandez no solo como preso político, sino además como fenómeno de circo para el público que asiste todos los días a las puertas de la cárcel de La Paz, haciéndoles creer que se está “haciendo justicia” y que ellos son los defensores de la transparencia, cuando en realidad los están convirtiendo en compinches de la autocracia que ustedes vienen montando, no pueden esperar que los miembros de la Corte Suprema, cuya probidad ustedes mismos refrendaron (¿o ya se olvidaron de eso?) también sean parte del terrorismo de Estado que hoy se practica. Sabemos que a ustedes les fascinaría poder declarar, igual que Luís XIV de Francia: “El Estado soy yo”, pero no se nos impacienten “compañero Álvaro” que con su nuevo texto constitucional aprobado podrán decir eso y más.

Pero claro ¿qué va a saber o querer aprender de Estado de derecho, división de poderes, libertad, presunción de inocencia y derechos humanos, un sujeto que hace algunos años, y en plena era democrática, apostó por el crimen del terrorismo? Justicia implica que el Estado debe aplicar de manera ecuánime las restricciones a la libertad individual para proteger esa misma libertad, pero ustedes se muestran muy prestos a secuestrar ciudadanos cuando éstos son opositores, haya o no haya pruebas en su contra, pero cuando se trata de simpatizantes o militantes, cuyas imágenes golpeando periodistas fueron vistas por el país entero, no mueven un solo dedo y miran para otro lado.

Eso me recuerda que los bolivianos ya hemos descubierto para qué sirve Derechos Humanos. Lejos de las leyendas de que esa institución se encargaba de velar por el respeto a dichos derechos, estamos constatando que a lo único que se ha dedicado y se dedica, es a defender los derechos y las arbitrariedades de todo socialistoide en nuestros países. Son otros tontos que no tienen la más peregrina idea de lo que es la justicia como ecuanimidad. Así estamos, nosotros defendiendo la poca racionalidad que le resta a Bolivia, y ustedes organizando la fiesta de los chivos.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Cinco más cinco igual a seis

Nuevamente, e igual que en 1929, ciertos necios sienten que pueden empezar a festejar la "caída del capitalismo". Aquí un artículo de mi amigo Rodrigo Antezana, que yo no podría haberlo hecho mejor.

Por: Rodrigo Antezana Patton

¿Cuánto es cinco más cinco? (Escogí un problema fácil pa’ que el fondo del asunto, la metáfora, pues sea fácil de explicar) Diez. Todos sabemos que es diez. Es probable que no sepamos la estructura lógica que, por detrás, permita ese razonamiento matemático, ya que existe, pero todos sabemos que es diez, todos. Bastante sencillo, ¿no? Claro, ese es el punto. Cinco más cinco igual diez. Por lo que también podemos deducir que cinco más cinco igual a seis es un error. Simple. El Socialismo ha fracasado rotundamente, en la Unión Soviética, lo que implica que Bielorrusia, Kazajastán, Kirguistán, Sucasastán, Stánensucasa y otras repúblicas, para un total de 15, vieron su economía enviada al mismísimo fondo. A pesar de que Rusia es uno de--si no el más--países más ricos del mundo, en lo que a recursos naturales se refiere. La retórica marxista de 1848 decía que el capitalismo estaba a un paso de morir, ahora la misma retórica marxista dice que el capitalismo está a punto de morir...