Secciones

miércoles, 20 de abril de 2011

Reflexiones sobre mi voto

Recuerdo que durante la campaña para las elecciones nacionales de diciembre de 2009, gran parte de mis amigos y conocidos habían sido asimilados por la arrolladora polarización política que deliberadamente se había generado a partir de las candidaturas de Evo Morales y Manfred Reyes Villa.

La polarización era conveniente para Evo, porque era en estado de apronte para la guerra, y no en la circunstancia de paz y fraternidad, que él lograba las mejores victorias. Los indios contra los k’aras, los pobres contra los ricos, el pueblo contra los oligarcas, no importaba cuál combinación se usase, ésta nos conduciría a la conclusión de que sólo Evo Morales podía alcanzar y mantener una victoria auténtica en esta guerra. El era un indio, un pobre, parte del pueblo, y un hombre con poder para luchar, la opción perfecta.

La polarización también era conveniente para Manfred, porque así concentraba a su favor todo el voto que estuviera en contra de Evo, aun si la gente no estuviera convencida de que sería un buen administrador de los asuntos y negocios del Estado, pues esto no se trataba de una elección democrática, sino de una guerra, en la que se requería de un (esto visto a la distancia es muy gracioso) “hombre fuerte”, que no fuese capaz de hacer concesiones al adversario y que se atrinchere en una posición inamovible frente a la amenaza masista..

Es en ese contexto que a quienes habíamos optado por Samuel Doria Medina, se nos recriminaba por estar dividiendo el voto al entregarlo a un candidato excesivamente conciliador, sobre el que incluso se hacían pesar dudas respecto de que fuera una verdadera alternativa al MAS, y no más bien un movimiento político que le sería funcional.

“No tiene carisma” se decía, “nunca sonríe”, “nunca se enoja”, “estás votando a perdedor”, “es empresario, no político”, “tiene intereses en el país para ser presionado”, y un sinnúmero de justificativos más, por los que tendríamos que abandonar nuestra simpatía por Samuel, y entregar nuestros votos a Manfred, el candidato guerrero.

Ahora que observo los resultados en perspectiva, debo decir que no me arrepiento de mi voto. Samuel Doria Medina no será perfecto (y no tiene por que serlo pues es un ser humano al igual que cualquiera de nosotros), pero no se mostró como un supuesto guerrero que huyó a la primera señal de peligro, dejando abandonados a quienes confiaron en él.

Hoy, Doria Medina está sufriendo muchas de las peores injusticias que en los últimos tiempos se practican en el país. No sólo le han iniciado varios juicios cuyo absurdo sólo se puede explicar por móviles políticos, sino que después de haberle expropiado parte de su propiedad, las fuerzas represoras de las mentes totalitarias que nos gobiernan, a través de los títeres que han instalado en otros órganos del Estado, han decidido atacar sistemáticamente su patrimonio, buscando borrarle del mapa político como lo han hecho con tantos otros.

Doria Medina, sin embargo, ni se va ni se calla, y continúa tratando de mostrar, con acciones concretas, que es posible generar empleos y crecimiento a partir de la iniciativa y el emprendimiento de las personas. Mostrando el camino que algún día, si dejamos descansar un poco a la política y la guerra, y si lo que nos importa es erradicar la pobreza, el desempleo y la marginalidad, tendremos que seguir como sociedad y como país.

Una Bolivia en que los ciudadanos sean propietarios y empresarios, me suena mejor que una en que sean dirigentes, guerreros, politiqueros y charlatanes.

sábado, 16 de abril de 2011

Los gloriosos cruzados nacionales

El representante de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Bolivia, Denis Racicot, ha puesto en entredicho a la administración de justicia en Bolivia. En su criterio “El Poder Judicial se ha vuelto permeable a la influencia política, por lo que el Gobierno debe garantizar la estricta observancia de la presunción de inocencia, el debido proceso y el juicio justo en todos los procesos.”

Lo que viene a reforzar la afirmación de que el Gobierno utiliza al Órgano Judicial con fines políticos, uno de los cuales es la persecución jurídica contra líderes de oposición. No es poca cosa que lo diga un representante de la ONU, y mucho menos cuando ya Brasil, Perú, Paraguay y Estados Unidos han recibido como refugiados a ciudadanos bolivianos, presumiendo que efectivamente son perseguidos políticos. Esto es, en los hechos, un reconocimiento de la comunidad internacional de que en Bolivia, por lo menos, la justicia no es de fiar.

La detención y pronto juicio contra el general Sanabria en Estados Unidos, que desnudó la fragilidad en que la institucionalidad del Estado boliviano se encuentra frente a las mafias y la tentación del enriquecimiento fácil a través del narcotráfico, ha venido a reforzar la idea de que el Gobierno de Morales está actuando con excesiva permisividad ante el cultivo excedente de coca y el mismo narcotráfico. Ya de nada sirven las afirmaciones, entre agresivas y contundentes, de que Bolivia es más digna y más efectiva sin la DEA, pues fue ésta, junto con las instituciones policiales chilena y panameña, la que consiguió desenmascarar a narcos dentro del seno mismo de la inteligencia antinarcóticos del Ministerio de Gobierno.

Pero eso no es todo. No solamente Estados Unidos, Chile y Panamá le están mostrando en sus narices a Bolivia que sí existe narcotráfico en mayores proporciones y que está infiltrado en la institucionalidad estatal, sino que Eduardo Cardozo, ministro de Justicia brasileño, ha afirmado que el 60 por ciento de la cocaína que ingresa en su país proviene de Bolivia. Por si fuera poco, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), una agencia de la ONU, advirtió en semanas pasadas que en Bolivia se han incrementado los cultivos de coca hasta 30.900 hectáreas, muy por encima de lo que dispone la ley para el consumo tradicional (poco más de 12.000 hectáreas).

También están los prediarios, el aumento salarial, y los siempre presentes pobreza y desempleo, que han terminado configurando para Evo Morales un escenario muy diferente a ése en el que se desenvolvió los últimos cinco años, y que le han obligado a acudir al viejo truco del chauvinismo nacionalista y patriotero del mar.

¿Qué mejor momento para hablar de mar e iniciar una supuesta arremetida jurídica internacional contra la República de Chile, que cuando los conflictos son muchos y las salidas inexistentes? Claro, ahora Evo Morales y sus burócratas se visten de heroicos cruzados marchando al extranjero para vencer al odioso usurpador, por lo que el país todo debe olvidar “pequeñas diferencias” y problemas esenciales, para desear suerte y apoyar a los magníficos guerreros de la patria que, hartos de 132 años de pérdidas de tiempo y engaños, han decidido iniciar una gloriosa marcha hacia los campos de batalla judiciales extranjeros.

Muy oportuno para un gobierno que comienza a cosechar los deformes frutos de la mala semilla que comenzó a sembrar en 2006.

jueves, 31 de marzo de 2011

Mentiras presidenciales

Recuerdo que uno de los primeros países con los que el gobierno de Evo Morales estableció relaciones diplomáticas fue Libia. Entonces Gadafi ya era un gobernante autócrata, pero le había entregado a Morales un premio de 50 mil dólares, “El Premio Gadafi a los Derechos Humanos”, el año 2003.

Recuerdo, también, que cuando cuestionamos las razones por las que Bolivia se relacionaba con el régimen libio, alguna de las autoridades de gobierno (el Canciller si no me equivoco) afirmó que teníamos mucho en común con Libia, y dijo, textualmente “comenzando por el nombre: Libia, Bolivia”. Demás está decir que me indigné con semejante bobería de respuesta ¿creerían que éramos tan idiotas como para aceptar que porque los nombres de dos países riman éstos deberían entablar relaciones diplomáticas?

En realidad, Morales le estaba devolviendo a Gadafi el favor de haberle concedido ese premio justo cuando necesitaba de reconocimientos y fondos para su movimiento político. Después, lo único en común entre Libia y Bolivia es que ambos países tienen gobernantes obsesionados con el poder.

No es sorprendente que tanto Chávez como Evo Morales estén rechazando la intervención de la comunidad internacional en el conflicto libio.

Pueblo harto de gobierno no democrático se revela y lucha por la libertad; sería una excelente oportunidad para que los hombres y mujeres de idas libertarias y convicción democrática apoyasen una auténtica revolución. Gobierno despótico que no quiere abandonar el poder y los privilegios masacra a sus ciudadanos; sería un momento perfecto para que los defensores de las libertades y derechos humanos aprueben la intervención, no de EEUU, sino de la comunidad internacional.

¿Por qué Chávez y Morales se transforman en detractores de esto? Creo que ellos no rechazan la intervención mundial porque defiendan al gobierno libio, sino porque, igual que Gadafi, son autócratas obsesionados con el poder, al punto de que se ven a si mismos en la situación de intentar retenerlo a como de lugar y, por supuesto, les indigna que justo cuando estén por aniquilar a los líderes opositores que exijan libertad y democracia, una pinche resolución de la ONU les arruine la fiesta. En otras palabras, están tratando de salvaguardar su propia oportunidad de poder defender el poder por la fuerza, sin que el mundo les condene e intervenga para salvar a sus pueblos.

Evo Morales nos miente cuando al rechazar la resolución de la ONU arguye que las potencias extranjeras pretenden apropiarse de los recursos naturales libios, al igual que miente cuando dice que el ATPDEA era un chantaje por el que EEUU nos exigía la privatización de los hidrocarburos.

Seguramente no lo menciona porque ahora que esto se parece tanto a un narcogobierno no le conviene, pero el ATPDEA requería como única exigencia la demostración de que el país tenía verdadera voluntad para luchar contra el cultivo excedente de coca y el narcotráfico. A cambio de ello, Norteamérica nos concedía, de manera preferencial (léase “privilegio”), facilidades especiales para vender joyas, textiles y otros productos en sus mercados. Era un intercambio de dólares que ingresaban por narcotráfico (comercio ilegal, mafias y delincuentes) a dólares que ingresaban por exportaciones (comercio legal, empresas y empleos).

Bolivia podía soberanamente, como lo hizo con Morales, elegir lo primero y despreciar lo segundo. Pero que el Presidente no mienta diciendo que el ATPDEA era a cambio de privatizar los hidrocarburos.

Zona de Jóvenes

Dados los aires carnavaleros que vivimos, y considerando los serios problemas que surgen a consecuencia de las decenas de vecinos que se quejan de la música y el festejo de los jóvenes en puntos específicos de la ciudad, como la calle Pando, o en la parte de la avenida Villarroel bautizada como “Las Islas”, parece propicio proponer algunas ideas que pudieran dar fin con el problema sin que necesariamente alguna de las partes deba perder.

Los jóvenes tienen el derecho de contar con espacios de diversión y entretenimiento, y los vecinos el de tener sus casas en un lugar que les sea propicio para descansar con tranquilidad. Ambas cosas no pueden existir en el mismo lugar y, cuando es así, éstos inician protestas y quejas frente a las autoridades, que se ven presionadas por las exigencias de los mayores, pero también por las necesidades y derechos de los jóvenes. Cabe mencionar también, que los comerciantes que proveen comida, bebida, música y espacios de diversión, tienen el derecho de hacerlo, pues es parte del gran mercado de los servicios.

La solución es la creación de una Zona de Jóvenes. Un espacio en el que no exista lugar para la tranquilidad, lleno de cafés, bares y discotecas, en el que la música se pueda escuchar tanto en los boliches como en las calles, en las que estaría permitido beber y bailar. Lo único que nuestros jóvenes no podrían hacer es incurrir en la comisión de delitos.

Igual que cuando se define una zona como “Parque Industrial”, en la que no se permite construir otras cosa que no tengan relación con la industria, en esta “Zona de Jóvenes” nadie podría decidir construir su casa o su fábrica. Sería un espacio destinado única y exclusivamente a infraestructura de entretenimiento para jóvenes.

Las autoridades, a través de reglamentaciones y facilidades tendrían que “obligar” a todos los boliches que califiquen dentro de la categoría popular de “ruidosos” o “escandalosos” (que es lo que molesta a los vecinos), a trasladarse a esta zona.

Probablemente no sería conveniente que se construya muy lejos de la ciudad, por lo que creo que una solución para evitar mandar nuestros jóvenes a kilómetros del centro, sería la suscripción de un convenio con la Universidad Mayor de San Simón (UMSS).

La UMSS tiene, hace ya muchos años, un proyecto de nueva ciudadela universitaria con el que pretende abandonar su infraestructura actual, que espacialmente ya no abastece para su expansión. Entonces, en una alianza entre la Gobernación y el Municipio de Cercado, se podría comprar a la UMSS sus actuales predios, además de ayudarle a conseguir cooperación internacional para la construcción de la nueva ciudadela.

Lo que hoy es el campus de la Universidad, entonces, se convertiría en la Zona de Jóvenes, y la infraestructura que ahí existe podría darse en ventas, alquileres y anticréticos a los negocios de entretenimiento para jóvenes.

De esta forma, solucionaríamos tres problemas, a saber: 1) Darle tranquilidad a los vecinos que viven en los lugares que actualmente son sitios de diversión de los jóvenes, 2) Brindar a los jóvenes un lugar propicio para divertirse sin que les sea amenazado por los mayores, y 3) ayudar a la UMSS a concretar su ciudadela universitaria.

Adicionalmente, conseguiríamos que Cochabamba sea la primera ciudad del país en contar con una inmensa Zona de Jóvenes.