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miércoles, 2 de noviembre de 2011

¡Basta de payasadas! Cochabamba merece las dos cosas

Hemos llegado al siglo XXI con increíbles avances tecnológicos y científicos, al punto de que en tarjetas de un tamaño menor al de la uña de mi dedo pulgar podemos almacenar datos equivalentes a dos mil y más de lo que se podía guardar en los viejos diskettes de finales de los 80´s. Y mientras ¿nos dicen que la única manera de construir una carretera es destruyendo un Parque Nacional?

Japón y otros países superpoblados del mundo le ganan territorio al mar, construyendo viviendas donde antes hubiera sido impensable. Pero nosotros ¿no podemos dejar de pensar como tercermundistas, y pretendemos alcanzar desarrollo a costa de aniquilar especies y ecosistemas enteros?

¿Cuál defensa del medio ambiente?, ¿cuál Constitución avanzada con derechos de naciones indígenas? Todas son payasadas a la hora de poner en práctica lo que supuestamente predicamos. Y más payasadas cuando se trata de justificarlo.

¿Pretenden que creamos que la “derecha”, el imperialismo, Manfred, Sánchez Berzaín, USAID, las ONG’s y los ambietlistas son culpables por su torpeza de pretender silenciar una marcha indígena por la fuerza de la represión?, ¿quién de ellos es el que ejerce un control mental tan poderoso sobre las autoridades de gobierno que dieron la orden?

Evo Morales, en la reciente Cumbre Iberoamericana declara que la “derecha” utilizó a los indígenas, pero su virrey (así le dicen en el oriente) Quintana declara que los indígenas le vendieron una gran mentira al país. ¿Creen que los bolivianos somos tan bobos como para no poder distinguir, en primer lugar, una minoría vulnerable (los indígenas) cuyos derechos están siendo desconocidos y que está siendo víctima de los abusos del poder y, en segundo lugar, lo que significa la construcción de una carretera por la mitad de una reserva ambiental?

Y mientras continúan con la charada de victimizarse y satanizar al resto, vienen con el simplismo de dividir a los cochabambinos entre los que no quieren carretera y reniegan del desarrollo del Departamento, y los “valientes y patriotas” cocaleros que sí lo quieren. ¡No señores! esa es otra payasada más.

Cochabamba no sólo quiere, sino que merece tener las dos cosas: Una carretera que nos una con el Departamento del Beni y también nuestro parque nacional íntegro. Y no tenemos por qué conformarnos con menos.

Cualquier oferta que descarte alguna de las dos cosas no es más que un reflejo de la incompetencia gubernamental, o de su estrechez mental, que viene a ser igual de patético. Todas las monumentales obras salidas del ingenio humano, y dispersas alrededor del planeta, demuestran que sí es posible lo que pedimos.

Queremos y apoyamos un proyecto de carretera por una vía alternativa ecológica. Creo que es el momento de que los representantes y las instituciones del pueblo cochabambino se pronuncien al respecto.

Gobernador, Alcaldes, concejales, asambleístas, empresarios, trabajadores, profesionales, clases medias ¿creen que es imposible diseñar una carretera respetando los derechos de las naciones indígenas y el medio ambiente?, ¿no han oído hablar del túnel que cruza el Canal de la Mancha, uniendo Francia con Inglaterra? Es un túnel de 35 minutos de recorrido por debajo del mar que fue abierto el 6 de mayo de 1994 ¡hace 17 años! Y nosotros pretendemos destruir un Parque Nacional ¡por Dios!

martes, 4 de octubre de 2011

MAS=Colonialismo, tradicionalismo y mañuderío

Aunque muchos no me puedan creer, me apena que el Movimiento Al Socialismo (MAS) haya terminado mostrando un espíritu, no sólo autoritario (señales de esto ya las hemos visto durante los últimos años), sino también colonialista y tradicionalista. Me apena por toda la ilusión y expectativa que el ascenso de Evo Morales generó en su momento, y que ahora se desintegra en acciones insensatas, arbitrarias e ilegales.

El MAS es colonialista, porque se niega a mirar a los indígenas de frente y a tratarlos como iguales, como a seres humanos con criterio y razonamiento, capaces de tomar sus propias decisiones y hacer valer sus derechos.

En cambio, lo que hace es lo que siempre se hizo en la historia de los colonialismos, a saber: Asumir que el MAS, sus políticos y sus dirigentes, son intelectualmente más avanzados que unos indígenas a los que asemejan a niños en su inmadurez, y decidir por ellos lo que mejor les conviene, definir por ellos la clase de “progreso” y “desarrollo” que deben alcanzar, y pasar por encima de sus derechos territoriales y de consulta, pretendiendo que se hace “lo mejor para ellos”

El MAS es tradicionalista, porque su máximo líder convocó a los jóvenes cocaleros a “conquistar” a las jóvenes indígenas para “convencerlas” de la conveniencia de la carretera, mostrando el machismo más tradicional y asqueroso que aun pervive en amplios sectores de nuestra sociedad. Es tradicionalista, también, porque, para variar, la construcción de esa carretera presenta serias irregularidades, que hacen pensar que se trataría de otro tradicional y asqueroso negocio político a costa del pueblo boliviano.

El MAS es mañudo, porque cuando el Vicepresidente interpreta el numeral 15 del parágrafo II del artículo 30 de la Constitución: “A ser consultados mediante procedimientos apropiados, y en particular a través de sus instituciones, cada vez que se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles. En este marco, se respetará y garantizará el derecho a la consulta previa obligatoria, realizada por el Estado, de buena fe y concertada, respecto a la explotación de los recursos naturales no renovables en el territorio que habitan”. Trata de engañar a los indígenas y a todos nosotros, diciéndonos que la consulta sólo sería aplicable cuando se trate de explotación de recursos naturales no renovables.

Este numeral establece, en el primer párrafo que precede al punto seguido, una regla general: “A ser consultados mediante procedimientos apropiados, y en particular a través de sus instituciones, cada vez que se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles.” Y luego, dentro del marco de esa regla general “En este marco” se pone énfasis en un caso específico “se respetará y garantizará el derecho a la consulta previa obligatoria, realizada por el Estado, de buena fe y concertada, respecto a la explotación de los recursos naturales no renovables en el territorio que habitan

Entonces, el hecho de que en este problema no se aplique el caso específico de la explotación de recursos naturales, no da pié a que se elimine la aplicación de la regla general, consistente en consultarles cuando se prevean medidas susceptibles de afectarles.

García Linera muestra que, además de autoritario, es un sofista dispuesto eliminar derechos territoriales que protegen la forma de vida de una minoría vulnerable, y el pulmón que beneficia a todos los bolivianos y al mundo entero.

viernes, 26 de agosto de 2011

INIDIGENISTAS vs INDIGENAS

Oscar Ortíz*

En el conflicto el Movimiento al Socialismo, MAS, y los pueblos indígenas por la construcción de una carretera que cruzaría el Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Secure, TIPNIS, el partido liderado por el presidente Evo Morales está perdiendo su razón de ser, contradiciendo los postulados que propugno durante más de veinte años como oposición.

El MAS y Evo Morales, se enfrentan a un problema existencial. Si ya no son quienes defienden los derechos de los pueblos indígenas, han perdido su razón de ser, la causa que utilizaron nacional e internacionalmente, la defensa de los indígenas, que en el fondo debía ser la defensa de los excluidos por el sistema político económico y social.

Obviamente, esta defensa debiera priorizar a quienes por su condición de minorías necesitan la protección y la defensa del Estado. Sin embargo, en la marcha de protesta contra la construcción de la carretera por el TPNIS, participan justamente los pueblos indígenas que representan minorías poblacionales.

Por eso, son discriminados por el MAS, partido que basó su llegada al poder en otros sectores mayoritarios, como los cocaleros, campesinos, comerciantes minoristas y cooperativistas mineros. El gobierno de Evo Morales, sabe que sin estos sectores no podría garantizar su permanencia y reelección en el poder. No es casualidad que el presidente se reúna en persona con los representantes de la ciudad de El Alto, a solo 24 horas de iniciada su protesta por un nuevo Censo que les asigne los recursos que le corresponden en función de su alto crecimiento poblacional, lo cual además es una demanda legitima.

La razon de fondo es que el MAS gobierna en función de quienes sustentan su base social y garantizan una gran porcentaje de votos y capacidad de movilización, cocaleros y colonizadores, y estos demandan las tierras que hoy corresponden a los pueblos indígenas, las cuales en su mayoría ya han invadido para ampliar sus cultivos coca, lo que hace aun más complejo el panorama pues se contamina toda esta discusión con los grandes intereses económicos vinculados al narcotráfico, que demanda cada vez mayores cantidades de su principal materia prima, la hoja coca.

Esta invasión de las tierras indígenas es un objetivo de fondo del MAS en esta segunda gestión de gobierno. Esto ha sido reconocido por el propio vicepresidente Alvaro Garcia Linera en una entrevista con el periódico argentino Pagina 12 (27-05-2011), en la cual afirma que los indígenas de tierras bajas representan solo el 3% de la población y los de tierras altas el 60%, por lo que la tierra tiene que ser redistribuida entre todos. Lo que no aclara es que los habitantes de tierras altas están ganando mucho dinero con la minería y el comercio informal y que los únicos que invaden territorios indígenas son los cocaleros.

Una vez más los indígenas han sido utilizados por un grupo político para llegar al poder. Los bolivianos necesitamos generar un modelo de verdadera inclusión que los respete e integre y les de las condiciones de vivir con progreso y dignidad.

*Ex presidente del Senado Nacional de Bolivia

jueves, 25 de agosto de 2011

Gadafi y el TIPNIS: transformismos discursivos


Es interesante observar cómo ciertos políticos van cambiando de discurso a gusto, antojo y conveniencia, pasando como acróbatas de una posición a otra sin que parezca que un solo pelo se les moviera.

Muamar El Gadafi, fue un gobernante vitalicio por más de cuarenta años, típico dictador que dispuso de la vida de los ciudadanos y los recursos de un país a sus anchas, construyendo monumentos inútiles para resaltar su propio poder, y empachándose de privilegios para sí y para sus familiares y allegados mientras su sociedad miraba estupefacta sus sinrazones e irracionalidades. En su última etapa, decidió que quienes se revelasen contra el dios gobernante, eran unas ratas traidoras que debían ser borradas del mapa a plan de bombardeos.

La OTAN, en una medida acertada creo yo, decidió no intervenir directamente en el conflicto libio, pero tampoco mirar de palco lo que a todas luces era una masacre. No mandar tropas, pero apoyar a los rebeldes libios en su lucha por la libertad, esa fue la decisión.

Ahora, Gadafi apela al discurso fácil y, para nosotros, familiar, del tercermundismo, acusando a los rebeldes de ser “pagados por los colonizadores” (imperialismo en otras modalidades de tercermundismo). “Convoco a las tribus de Sebha, Beni Oualid, Feran, Yufra y Anwaset, a que cada una tome una zona para ayudar a purgar la capital, debéis tomar Trípoli y peinarlo para eliminar a las ratas” ha dicho el tirano libio, llamando a sus simpatizantes a defender ¿qué cosa?, ¿la soberanía del pueblo libio?, ¿la dignidad de los ciudadanos?, no, a defenderle a él y a su ilimitado poder, a defender sus incontables privilegios, su ego y su insensatez.

Algo similar encontramos en Bolivia con el actual conflicto del TIPNIS. Esos mismos indígenas que en algún tiempo fueron la bandera y justificativo para que Evo Morales adquiera poder e infringiera principios básicos de la vida en sociedad y el derecho, hoy, apelando a la misma bajeza que Gadafi en Libia, se han convertido en cachorros del imperialismo.

Quiero recordarle al lector que de acuerdo al derecho internacional, consular y diplomático, los representantes de países asentados en determinado Estado, tienen la libertad y el derecho de conversar con cualquier ciudadano, sea éste dirigente o no, y de obtener toda la información que les interese, siempre y cuando para ello se utilicen medio lícitos. Por lo que la Embajada de EEUU, como cualquier otra, no necesita permisos especiales ni está prohibida de hablar con los dirigentes de la marcha por el TIPNIS, ni con cualquier otro boliviano.

Pero esa es la ventaja del discurso tercermundista y de gobernar una sociedad que se lo cree, su versatilidad y gran potencial para ser usado contra cualquiera que se ponga en frente. Como el imperialismo conspira subrepticiamente contra todos los que se han declarado dignos y se han apropiado de la ideología tercermundista, entonces basta con acusar al que se opone, critica u observa, de estar ligado a él, para obtener una descalificación automática contra los rebeldes, y una masa de insensatos creyentes aglutinados en torno a poder que lucha por preservarse a si mismo. 

Para colmo, ahora también se intenta descalificar a la marcha acusando de traficantes de tierras a los indígenas… Tamaña estupidez, cuando los indígenas nunca han sido propietarios de nada. Y ese es el problema, que al no ser propietarios de su tierra, cualquiera puede llegar y utilizarla como le de la gana, ya sea para plantar coca o para construir una carretera.

miércoles, 29 de junio de 2011

El cerebro gubernamental anda mal

La habilidad de la gente del gobierno siempre tuvo mayor presencia en el escenario de lucha política. Creo que García Linera ha sido y es una de las más grandes mentes totalitarias que ha producido Bolivia, demostrable no sólo por toda la ilegalidad y arbitrariedad que ha sabido planificar y justificar a la hora de desterrar el pluralismo político del país, sino también por ser un personaje cuyas acciones y promoción de la intolerancia ya eran conocidas de antemano, y que sin embargo los bolivianos olvidaron después de un brevísimo proceso de maquillaje y edulcoración en los medios de comunicación.

Si embargo, algo extraño está sucediendo con las acciones gubernamentales desde ese tropiezo llamado gasolinazo. La respuesta a la reciente captura de militares bolivianos, en la frontera chilena, con uniforme de las FFAA, y conduciendo automóviles reportados como robados en ese país, no es más que una desesperada maniobra por minimizar, para algunos, y hasta convertir en acto heroico, para otros, lo que en realidad es un hecho patéticamente vergonzoso para quienes conocemos un poco de relaciones diplomáticas.

La posibilidad de que estos militares estuvieran tratando de internar automóviles que sabían robados, en obvia complicidad con alguna mafia de ladrones; y la interpretación que podría haber hecho Chile por el ingreso de uniformados extranjeros en su territorio, como una invasión, se han intentado, de manera rápida pero torpe, cubrir con reclamos absurdos y con felicitaciones bochornosas, en lo que viene a ser una de los capítulos más lamentables de la diplomacia boliviana.

Pero no es únicamente en ese rubro que el masismo parece haber perdido su monotemático cerebro, sino también en la forma en que vienen emprendiendo acciones absolutamente incoherentes con su discurso por los derechos de una tal “madre tierra” y contra el uso de transgénicos.

Sobre el segundo punto, creo que al ser la producción de alimentos uno de los mayores potenciales de Bolivia para ingresar en la competencia global y comenzar a enriquecerse, los transgénicos son una posibilidad que, de manera obligatoria, teníamos que explorar y explotar, pues aunque se habla mucho acerca de sus posibles efectos negativos sobre el organismo humano (ninguno demostrado dicho sea de paso), son el resultado de décadas de investigaciones y millones de dólares de inversión en busca de soluciones contra el hambre. Mi queja, aquí, es frente a la incoherencia de un discurso anticapitalista y descolonizador, que se mantiene superficialmente sobre las ruinas de su propio fracaso, engañando a la gente que aun quiere creer en él. 

Sobre el primer punto, la Carretera que se pretende construir, partiendo en dos un parque nacional que por ley debería ser protegido y preservado, no sólo arriesga la estabilidad de un valioso ecosistema y la vida de innumerables especies animales y vegetales, sino que derrumba el mito de la supuesta protección de los pueblos indígenas, viola la Constitución en su artículo referido a la consulta que se les debiera hacer previo a la ejecución de acciones que les afectasen y, más importante todavía, desnuda la indefensión en que estos pueblos se encuentran cuando nunca se les reconoció verdadera propiedad sobre sus territorios.

Esto demuestra que las TCO’s nunca fueron ninguna garantía para que los pueblos indígenas fueran dueños de su territorio. Si queremos que ellos disfruten de su libertad de salir de la pobreza y buscar el desarrollo, tenemos que darles propiedad real.

viernes, 3 de septiembre de 2010

El falso ambientalismo de Morales

Quiero hacer varias observaciones sobre el discurso absurdo de la defensa de los derechos de la “madre tierra”, promovido por el Presidente como espectáculo para deleitar al público internacional y para construir en torno a él la leyenda de un Evo Morales que nunca existió, que no existe y que no existirá:

La “madre tierra” no tiene derechos. Si los seres humanos pretendemos y luchamos por un medio ambiente sano, es porque ello es conveniente para nuestras propias vidas. Es decir que la especie humana debe cuidar el planeta porque eso es lo que le conviene, y no porque exista algo parecido a un ser metafísico llamado “madre tierra” que merezca algún tipo de derechos que estén por encima o en igual rango que los Derechos Humanos.

Si por nuestra supervivencia como raza humana fuera necesario destrozar este planeta, con seguridad que deberíamos hacerlo, y lo haríamos, sin entrar en consideraciones ulteriores sobre si estamos violando algún derecho de entidades inexistentes.

Pero por el momento, el planeta Tierra es el único hogar que tenemos los humanos, y mientras así sea estamos obligados a aprovechar sus recursos, y buscar comodidades y bienestar de la manera más responsable que se pueda.

Cuando Evo Morales dice que los derechos de la “madre tierra” están por encima de los Derechos Humanos, probablemente intente justificar alguna futura violación de éstos so pretexto de proteger aquellos.

Pero la postura presidencial es aún más falsa cuando hablamos del desastre ambiental que se pretende causar en la reserva ecológica del Isiboro Sécure, construyendo una carretera de 300 Km. de longitud que partiría en dos un territorio que alberga cientos de especies, muchas en peligro de extinción, y que es el hogar de pueblos indígenas a los que ya se les había reconocido ese territorio como propio.

El gobierno sabe muy bien del daño ecológico que va a causar la construcción de esa carretera, y también conoce perfectamente las propuestas alternativas planteadas para conectar los departamentos de Cochabamba y Beni –como la construcción de un tren que pase por encima de la selva, o la propuesta de carreteras que bordeen el parque- minimizando al máximo el daño ambiental potencial. Aún así, Evo Morales y su gobierno insisten en ignorar su propio discurso ambientalista, promoviendo un proyecto que va causar mucho daño al ecosistema del parque.

El gobierno también sabe que la construcción de dicha carretera va a causar la proliferación de colonizaciones de campesinos que deforestarán el parque y se dedicarán a sembrar coca, aprovechando la casi ausencia total de Estado por esas zonas; y también está consciente de que la nueva ruta que pretende abrir va a ser la herramienta perfecta para que grupos delincuenciales del narcotráfico y el terrorismo hagan su agosto, traficando y produciendo drogas libremente, depredando los bosques para habilitar pistas clandestinas, contaminando las aguas y las selvas con precursores para la fabricación de cocaína, asesinando y secuestrando individuos, y utilizando el territorio y las vías de comunicación abiertas para refugiarse y causar terror, inestabilidad e inseguridad.