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domingo, 23 de octubre de 2011

Tres bolivianos ganan en un concurso de ensayos

El escritor boliviano radicado en Guatemala Julio Cole ganó el sexto concurso mexicano de ensayo Caminos de la libertad. Se impuso a los autores venezolanos César Rafael Yegres segundo, e Isabel Pereira, tercera. 

Cole presentó el trabajo Cruzando el umbral de la sociedad abierta: ideología y libertad en las primeras novelas de Mario Vargas Llosa, que el jurado valoró como la mejor propuesta entre más de 270 enviadas de EEUU, América Latina y Europa.

Asimismo, entre nueve menciones honoríficas y autores de Alemania, Argentina, Cuba, España, Chile, EEUU y Guatemala, también destacaron los bolivianos Jorge Lizandro Coca, por La Destrucción en el Estado de Bolivia, y María Rocío Estremadoiro, por La paradoja social: la colectividad versus la persona. Ensayo de preguntas más que de respuestas.

martes, 9 de agosto de 2011

Los insensatos indignados

En algunos puntos del globo se están reproduciendo los grupos de “indignados” con reclamos que, vistos superficialmente, parecerían comprensibles y hasta dignos de simpatía. Democracia de verdad, trabajo, techo… en resumen: mejores condiciones u oportunidades para los jóvenes. Son algunas de las consignas de estas personas.

La relación que se intenta establecer entre democracia “verdadera” y las necesidades de la gente causadas por la crisis, se debe a la absurda creencia de que el establecimiento de órdenes sociales con libertad y democracia traerían automáticamente el paraíso y la felicidad a las personas.

Este es un error muy común en nuestras sociedades y, a causa de él, suelen aparecer los descontentos dentro de los órdenes sociales libres. Es por ello que creo conveniente poner algunos puntos claros respecto de este tema.

La libertad y la democracia no implican la necesaria aparición de la felicidad y el paraíso delante de nuestros ojos, de la misma manera que no significa que las personas utilizarán esa libertad para perseguir el bienestar. El hecho de vivir en libertad nos brinda como única garantía que seremos nosotros, y no otros, quienes tengamos el mayor influjo sobre nuestros propios destinos y vidas. 

Normalmente, el establecimiento de regímenes totalitarios ha restringido la libertad de los individuos al punto de que éstos ya no son dueños de sus acciones y esfuerzos, siendo estos gobiernos los que decidían cuáles eran las metas de la sociedad y, por lo tanto, cuál era la dirección hacia la que las personas tenían que dirigir sus esfuerzos, en los distintos ámbitos del quehacer humano.

No importaba, entonces, si la ocupación impuesta por el Estado al individuo satisfacía las expectativas de éste o le ayudaba a alcanzar sus propias metas. Lo único que interesaba era si las personas seguían la dirección trazada por los burócratas en el poder, y si cumplían con las tareas que se les había asignado en ese sentido.

La democracia, por otro lado, no es más que un mecanismo creado en el intento de preservar la libertad de los individuos. Si el poder del Estado está dividido en distintos órganos, si los gobernantes no pueden perpetuarse en el poder, y si existen mecanismos para que sean las personas quienes definan cuáles serán los actores políticos que administren los asuntos públicos, mayores dificultades tendrán las mentes totalitarias para disponer a su antojo de la vida y destinos de las personas.

Si los movimientos de indignados pretenden que sean sus Estados quienes les doten de todos los recursos materiales para tener bienestar, están renunciando a la responsabilidad de proveerse ellos mismos de dichos bienes y, peor aun, están clamando por gobiernos con poderes mayores, que sean capaces de decidir quiénes, cómo, cuándo, por qué y dónde cada individuo ha de recibir los dones y dádivas estatales.

Probablemente muchos gobiernos del mundo son más responsables de haber acostumbrado a sus ciudadanos a un bienestar artificialmente construido, que se ha tornado insostenible en los últimos tiempos, y no así de no intervenir en sentido opuesto. Es decir, que la actual crisis es fruto de las intervenciones estatales dentro del orden social, y no así de su falta de acción o planificación.

El problema con las generaciones jóvenes que hoy muestran su desesperanza, es que las expectativas que tenían respecto del futuro, frente a las dificultades del presente, parecen diluirse sin remedio frente a sus ojos. Pero eso es algo con lo que ya tuvieron que lidiar otras generaciones.

miércoles, 5 de enero de 2011

Patrioterismo presidencial

El patrioterismo es un exagerado entusiasmo que lleva a la exaltación gratuita, y normalmente cercana al absurdo, de la patria. Se pretende que dicho entusiasmo exagerado es espontáneo, y sin embargo suele ser incitado y provocado por los caudillos de ciertas sociedades, con el único objetivo de conseguir de la gente disposición ciega y suicida a realizar grandes sacrificios en beneficio de la patria, cuando éstos favorecen única y exclusivamente a quienes detentan el poder.

Así, decenas de gobernantes en la historia de la humanidad han apelado al patrioterismo para cubrir de nobleza e hidalguía guerras absurdas, haciéndole creer a sus ciudadanos que debían sentirse orgullosos por los hijos que en ellas morían, pues habían derramado su sangre a favor de los altos intereses de la patria.

Por patrioterismo, los cerca de doscientos millones de presos, que eran los habitantes de la Unión Soviética, dejaron de lado sus aspiraciones de vivir dignamente, sacrificando su trabajo de manera gratuita, extinguiendo sus vidas en granjas colectivas, minas y fábricas, porque mientras los burócratas del régimen disfrutaban de los privilegios del poder y la riqueza, les prometían que después de que la patria alcanzara sus más altos valores y metas, entonces las cosas mejorarían. Los más altos valores de la Unión Soviética pasaron por la construcción de ferrocarriles por ciudadanos esclavos, hasta la llegada al espacio, con generaciones de hombres, mujeres y niños sacrificados por la patria, y un bienestar que nunca llegó.

Por patrioterismo los cubanos han soportado cincuenta años de miseria, privación, servidumbre y mediocridad, viviendo tan sólo de arengas y discursos patrioteros, pues con su sacrificio les hicieron creer que preservaban la dignidad de la patria, y consolidaban para ella la victoria sobre el imperialismo yankee.

De acuerdo a Carlos Schulmaister, el patrioterismo “permanece ligado a formas exteriorizadas y programadas a condición de ser vistas y difundidas extensamente, pues de lo contrario no brindan rédito a sus autores.

Surge de los arrebatos temperamentales o de las emociones elementales antes que del ejercicio del raciocinio. En estos raros casos, suele ser el fruto de inducciones expresas o implícitas de los dueños del poder a través de mecanismos y recursos culturales, educativos o comunicacionales. 

Es epidérmico, frívolamente exhibicionista, desbordante, melodramático, jactancioso, exaltado e histérico. Sobre todo, narcisista.

El patrioterismo es siempre una desviación, un atajo, una operación de enmascaramiento de la verdad que, en definitiva, no representa los verdaderos intereses de las mayorías sino sólo los de los grupos dirigentes que dicen ser los representantes de aquellas.”

El patriotero Presidente Morales y su gobierno pretenden acudir a esta argucia para manipular los sentimientos, la opinión y las acciones de la gente. Pretenden justificar el sacrificio de seres humanos por parte del Estado, o el autosacrificio de éstos, a favor de unos supuestos intereses de la patria, cuando el más alto interés de ésta deberían ser precisamente los individuos, proteger sus vidas, su libertad, y el fruto de su trabajo.

Ahora solamente son patriotas los movimientos sociales que apoyen a su gobierno incondicionalmente; lo son, también, quienes paguen calladamente el aumento general de los precios debido a la incompetencia gubernamental; al igual que todos quienes estén dispuestos a sacrificar su bienestar y el de sus familias, ignorando la pobreza, el desempleo, el narcotráfico y la inseguridad, y regocijándose por un logro supuestamente mayor y más digno, como sería el enfrentar al imperio norteamericano.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Los encantadores de serpientes

El ex presidente de facto de Cuba, Fidel Castro, utilizó estos términos para referirse al Presidente de Estados Unidos de América, Barak Obama.

El octogenario mandamás de Cuba tiene toda la razón cuando habla de la existencia de encantadores de serpientes, pero no creo que Obama sea uno de ellos. El mismo Castro es un habilísimo encantador de serpientes que ha conseguido mantenerse autoritariamente en el poder por cincuenta años, porque, no se puede negar que se requiere de una extrema habilidad política para suprimir la libertad de los individuos haciendo que parezca algo bueno y beneficiosos para ellos.

La destreza de conseguir que la culpa del fracaso económico y la miseria, causadas por sus delirantes ideas marxistas, siempre sean atribuidas a otros, más nunca a él, es otra cualidad de este caribeño encantador de serpientes.

Uno que le sigue los pasos es el Presidente de Bolivia, Evo Morales Ayma. Este otro encantador de serpientes también tiene grandes habilidades. El proceso boliviano es un intento de aplicación mejorada y adaptada a los nuevos tiempos, del cubano.

No podía esperarse que en Bolivia se instaurara el fracaso socialista por vía revolucionaria, así que se optó por utilizar la democracia para infiltrarse en el poder estatal y comenzar el desmontaje de todo aquello que protegía a las personas de la posibilidad de que alguien se hiciera con el poder total y les fuera eliminando la libertad y los derechos.

El proceso está tan bien logrado que no sólo oculta sus verdaderos fines ante la población boliviana que aún mira extasiada a su redentor Morales, sino que hasta despierta admiración y aplausos en foros internacionales.

Cada paso ha sido cuidadosamente planificado y anunciado en el momento preciso, cada etapa se ha venido ejecutando con tan sólo pequeños contratiempos, frente a una ciudadanía ingenua y una oposición inepta, que no han logrado descubrir y comprender los principios supremos que no sólo se están perdiendo, sino que servirían como armas de combate contra el totalitarismo.

Evo Morales es, a estas alturas, un tirano simpático cuyas acciones contra la libertad individual, el pluralismo, la propiedad y la justicia, son sistemáticamente maquilladas con una capa de causas nobles.

La lucha contra la discriminación ha servido para restringir el libre pensamiento y la libre opinión; la lucha contra la corrupción se ha utilizado para eliminar la libre acción política; la lucha contra la escasez se ha usado para eliminar la libre acción económica; el fomento al deporte se quiere utilizar para elevar los precios de los productos cuyo consumo es considerado perjudicial por el Gobierno; la supuesta recuperación y revalorización de unas culturas ancestrales que no habían descubierto ni la escritura, se aplica para discriminar políticamente y para interferir en la educación libre.

Y el antiimperialismo, ese con el que también simpatizan muchos políticos de oposición, se está utilizando para asociar a Bolivia con países que igualmente suprimen o han suprimido los derechos y libertades de las personas, y hasta con países a donde los crímenes contra los individuos, y especialmente contra las mujeres, son parte del comportamiento alentado y corrientemente practicado por el Estado.

Encantadores de serpientes son aquellos que han conseguido manipular los sentimientos y emociones de la gente, al punto de que sus mentiras son escuchadas como verdades, mientras las cadenas de la servidumbre se reparten de manera masiva entre los ciudadanos, que han decidido ponérselas ellos mismos.

Qué hermoso es hablar en nombre de otros

Por: H.C.F. Mansilla

Con envidia y un dejo de melancolía confieso que admiro el aplomo, la jactancia y la soltura con que numerosos intelectuales urbanos componen teorías sobre el "autogobierno indígena", la "insurgencia plebeya", la "democracia del ayllu" y otras lindezas que son indiferentes a las "masas campesinas". Pero esto no es lo importante. Mucho más grave es la amplia labor de justificación de prácticas antidemocráticas que realizan estos pensadores en vista de la posible convocatoria a una Asamblea Constituyente, proponiendo que a nivel nacional se establezca una repartición de votos según sectores étnicos y que en las zonas rurales la elección de los diputados a esta Asamblea se haga según los presuntos usos y costumbres de las comunidades campesinas.

La introducción de elementos étnicos en cuestiones electorales sería un retroceso hasta épocas premodernas, irracionales y antidemocráticas. La historia universal está llena de los terribles ejemplos que significaron regímenes basados en criterios racistas. Bajo el manto de la protección y el fomento de las culturas aborígenes se quiere consolidar modelos autoritarios de estructuración social, donde los líderes serían (o seguirían siendo) los intelectuales urbanos y los caudillos tradicionales. Es decir: los que siempre han hablado en nombre de los pobres y explotados. Y los que siempre han perseguido sus objetivos particulares e individuales mientras decían representar los intereses de las clases subalternas.

No debemos, por lo tanto, renunciar alegremente a las conquistas de la tradición democrática: el fundamento de cualquier sociedad son los sujetos racionales, que de manera consciente, sopesando los discursos y los avatares en cada elección, ejercen sus derechos básicos y saben cumplir sus obligaciones con respecto a terceros que tienen iguales derechos. No debemos echar por la borda el voto universal, secreto y libre, que conlleva una preferencia estrictamente personal, en favor de sospechosas votaciones públicas bajo coacción colectiva y sin protección para las minorías, como es la elección según usos y costumbres en las comunidades rurales que han permanecido intocadas por el progreso histórico.

En las juntas vecinales de El Alto, en los sindicatos urbanos y rurales de la mitad occidental del país, en los llamados movimientos sociales de carácter popular, en gremios de estudiantes universitarios y también en los comités cívicos del oriente predominan dirigencias cuya legitimidad democrática es dudosa. Y sus prácticas cotidianas al mando de esas organizaciones no constituyen un dechado de virtudes racionales y modernas. Se trata de un fenómeno muy generalizado. En gran parte de organismos bolivianos, que tienen una directiva elegida por las "bases", se consolida un liderazgo compuesto por factores muy convencionales: por un lado, astucia, retórica, manipulación desde arriba, y por otro, ingenuidad, ignorancia, fascinación por jefes carismáticos.

Es la realidad diaria de una cultura autoritaria, que no es percibida como tal por las masas, y que los dirigentes saben utilizar hábilmente para manejar a esas bases. Digo hábilmente porque los caudillos, grandes y pequeños, no infringen abiertamente los estatutos, no siguen pautas inesperadas de comportamiento -que pudieran causar sorpresa o rechazo- y, en el fondo, expresan lo que las masas quieren escuchar. La Bolivia profunda muestra así su carga de rutinas irracionales. En el seno de los partidos que representan indudablemente a extensos sectores campesinos, se reproducen las prácticas más lamentables del caudillismo, el prebendalismo y la búsqueda de las ventajas personales. En El Alto algunas juntas vecinales y ciertos movimientos sociales obligan a sus afiliados a concurrir a marchas, bloqueos y asambleas, bajo pena de cobrar multas pecuniarias o de coerciones aun peores. En las asambleas sindicales y universitarias se imponen aquellos oradores que hacen gala de ideas radicales y revolucionarias, aunque ellos mismos se preocupan sólo por su carrera y bolsillo. Y en el oriente dilatadas masas se dejan seducir por consignas autonomistas, cuando las reducidas élites de estos movimientos cívicos tienen paralelamente otras metas: la obtención de espacios de poder y dinero para fines particulares.

Críticas similares surgieron en torno a las recientes elecciones en Irak para una Asamblea Constituyente: no habría que imponer el voto universal, libre y secreto (un típico factor del deplorable individualismo occidental) a una sociedad conformada de modo diferente, en la cual las comunidades de base designan a sus jefes y representantes siguiendo costumbres y tradiciones que nos son extrañas. Y precisamente porque no las comprendemos, no debemos censurarlas y considerarlas antidemocráticas. Como dijo Mario Vargas Llosa refiriéndose explícitamente a las elecciones iraquíes, esta actitud, que a primera vista parece tolerante con otras culturas y progresista en el plano político, es una sutil artimaña para dejar las cosas como están, es decir para consolidar las estructuras convencionales de poder. Los que han hablado en nombre de las "mayorías" nacionales, pueden seguir haciéndolo tranquilamente, pues ahora tienen el aval de muchos intelectuales de todo el mundo, quienes, bajo la excusa del respeto a lo Otro, quieren evitar que los pueblos del Tercer Mundo accedan a la democracia y a la modernidad.

viernes, 8 de octubre de 2010

El precio de la libertad es la eterna vigilancia (Thomas Jefferson)

Muchos pensadores, durante la historia de la humanidad, han descubierto, y luego afirmado, que la libertad es un preciado bien que nunca deja de correr riesgo frente a los poderosos, y que los individuos deben vivir constantemente alertas contra todos los peligros que invariablemente la acechan.

Y es que la libertad no necesariamente se la pierde de golpe, sino que también puede desaparecer a través de un proceso de cambios de la forma en que los poderosos se relacionan con los individuos, en el que aquellos vayan reduciendo, poco a poco, y arguyendo los más nobles fines e ideales, el margen y las posibilidades de libre acción de éstos. De esta forma, el resultado final es que los individuos vuelven al estado de servidumbre, y se convierten en medios para que los poderosos de turno alcancen los fines particulares que ellos mismos ha trazado.

Pero perder la libertad no solamente requiere de poderosos que estén dispuestos a arrebatársela a una sociedad, sino, y principalmente, de individuos descuidados e incautos que no la valoran, que no la cuidan, y que están dispuestos a cederla a cambio de beneficios y de promesas de mayor seguridad y menos responsabilidad por sus propias vidas.

Es esta combinación fatal la que causa que hoy, en Bolivia, se haya aprobado una ley que elimina la posibilidad de que los ciudadanos nos expresemos libremente, sin temor a que un juez nos encarcele por decir lo que pensamos; que los padres de familia reciban con aplausos la idea de que se establezca un toque de queda para que los jóvenes menores de edad regresen a sus hogares temprano, so pena de ser castigados por funcionarios del Estado; que tengamos una Ley de Autonomías que posibilita que los fiscales suspendan a autoridades con una simple acusación, ignorando por completo la voluntad de quienes las eligieron; y tantas otras normas que se están incorporando en la estructura jurídica del país, y que están consiguiendo que la libertad, como el personaje de de Joaquin Lavado (Quino), sea cada vez más pequeña.

Escrito para el portal www.boliviademocratica.net

martes, 21 de septiembre de 2010

Libertad… ¿para qué?

Es la frase con que Lenin expresó su desdén hacia el principal valor por el que los seres humanos hemos luchado durante siglos, aboliendo la esclavitud y los regímenes totalitarios, e intentando diseñar formas institucionales que garantizasen que esa libertad conseguida no se pierda fácilmente.

La respuesta que alguien le debería haber dado a Vladimir Ilich es: “para lo que nos de la gana, no es asunto tuyo”.

Y es que mientras el individuo no utilice su libertad para vulnerar la de otros, no es asunto de ningún gobernante quién, cómo, dónde, por qué y para qué la usa.

¿Para qué sirve la libertad? Simplemente para eso, para ser libres. Habrá quienes quieran aprovecharla al máximo y hacer todo lo que el ejercicio de su libertad les permite, y tratarán de conocer todos los lugares, los climas, los paisajes, las personas. Pretenderán que son mochileros, y se afanarán por explorar hasta la última posibilidad que su libre arbitrio les brinde.

Otros habrá que se esforzarán por potenciar al máximo su creatividad y su talento, intentando hacerse inmortales a través de alguna obra, o simplemente porque les place, o tal vez porque quieren ganar dinero, o quién sabe por que otras razones más (el que ejerce su libertad es quien lo sabe). “Son criaturas ambiciosas, pretenciosas o ególatras” dirá alguien. ¿Y qué nos importa siempre y cuando no vulneren libertad y derechos de otros?

Otros tantos preferirán sentirse libres de no hacer nada, de empeñar el mínimo esfuerzo, apenas necesario para tener lo esencial, mientras disfrutan de cosas tan simples como ver todas las películas que la industria hollywoodiense ha producido, reír con la vulgaridad del show de Tinelli, o mirar mujeres u hombres semidesnudos (y también desnudos) en televisión, Internet y revistas. “Son criaturas conformistas” exclamará alguien por ahí. ¿Y qué diablos nos importa, mientras no vulneren libertad y derechos de otros?

Los “para qués” de la libertad son múltiples, y sus fines son tan distintos como distintos somos los seres humanos. No hay grupo de expertos ni máquina genial capaz de conocer siquiera un mínimo porcentaje de los fines que los individuos de un orden social persiguen, al hacer uso de su libertad.

Los individuos apreciamos muchísimo nuestra libertad. El único problema es que muchos somos conscientes de su valor, la identificamos con nombre y apellido, al igual que a las acciones que la podrían poner en peligro, mientras que otros aún no se han dado cuenta de que sus vidas no serían ni posibles ni soportables si libertad, y pretenden entregarla a cambio de seguridades que ofrecen los poderosos, o simplemente aún no son conscientes de que sus actividades como comerciantes, dirigentes, especuladores, artistas, bohemios, estudiantes, etc. no serían posibles sin libertad.

Muchos Gobiernos han pretendido saber mejor que las personas cuáles deben ser sus metas; han detestado ver “el caos” dentro del orden social, han deseado que todo ciudadano enfoque sus esfuerzos personales hacia una gran causa común por el bienestar general, y han asumido políticas para lograrlo. Han eliminado la libertad, porque se creían con la autoridad de definir su “para qué” en nombre de todos los individuos, o simplemente la veían como un estorbo o una inutilidad.

En Bolivia, a plan de leyes para controlarlo todo, nos están haciendo lo mismo. Algunos ya nos hemos dado cuenta hace mucho ¿cuándo se enterará usted?

sábado, 18 de septiembre de 2010

Encuesta mensual


Iniciamos las encuestas mensuales de "Veni, vidi, vici" con la pregunta ¿Conoce usted la filosofía de la libertad? en base a cuyos resultados, que se mantendrán públicos en este blog, generaremos contenido nuevo.

El lector queda cordialmente invitado a participar.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Dominación, monopolio, concentración, coerción, lucha: La visión de Estado de García Linera

En una conferencia titulada "El proyecto de Estado plurinacional", organizada por el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Católica Boliviana en el campus central de la zona de Tupuraya, en Cochabamba, el Vicepresidente dijo que "El Estado es dominación, es monopolio. El Estado tiene que concentrar legitimidad, coerción, recursos públicos en un escenario de luchas".

Tanto en esta afirmación, como en su conferencia titulada “La construcción del Estado”, dictada en una universidad de la Argentina, el Vicepresidente plantea un conjunto de características que, desde su punto de vista, serían inherentes a la construcción y existencia de los Estados en general, y del Estado boliviano en particular.

Dominación, monopolio, concentración, coerción y lucha, son algunas de las ideas centrales que resumen la estructura de un Estado omnímodo, que pretende controlarlo todo, y que para ello se encuentra en un estado de constante tensión y pugna. En “La construcción del Estado”, García Linera hizo afirmaciones en el mismo sentido, declarando que el Estado es cultura, creencias y costumbres (además de instituciones, territorio y población, que vendría a ser la definición clásica)

El Estado lo es todo y el individuo no es nada. Tal la sentencia con que se puede resumir la idea vicepresidencial de estatalidad, que coincide perfectamente con otras concepciones colectivistas creadas por el hombre, desde Platón y su “República”, pasando por Marx y su totalitario socialismo, y Hitler en su versión nacional socialista. El consenso entre todos ellos es que el poder gubernativo de los estados no debe dejar al libre arbitrio de los individuos elementos como las creencias, las tradiciones, las opciones sexuales y económicas, etc. Cada esfuerzo, idea y pensamiento del ser humano deber ser canalizado hacia el fin colectivo diseñado por los burócratas de turno.

Las ideas y afirmaciones del Vicepresidente son una nueva constatación de su descarnada sinceridad, y una confirmación de que los planes gubernamentales estarían dirigidos hacia el control total no sólo de instituciones políticas y gubernativas, ni solamente de la economía a través de la intervención en empresas públicas y privadas, sino de la propiedad, y también de las ideas, los esfuerzos, la creatividad, las creencias y costumbres de las personas.

Un Estado totalitario, con la capacidad de determinar todo lo que existe en su territorio, sea físico o metafísico, objetivo o subjetivo. Un poder tal, que ni el movimiento de un solo cabello de un ciudadano escape a su estricta y escrupulosa vigilancia. Esta es la forma correcta de entender las palabras de García Linera.

Escrito para el portal http://www.boliviademocratica.net

viernes, 10 de septiembre de 2010

Fidel y los modelos económicos

El ex presidente de facto de Cuba, y líder de la revolución de 1959, Fidel Castro, había admitido (o al menos es lo que hizo entender a la opinión pública mundial), que el modelo económico de planificación estatal no funcionaba ni para la propia Cuba.

"el modelo cubano ya no funciona ni para nosotros" dijo en entrevista con The Atlantic, dirigida por el entrevistador Jeffrey Goldberg y la periodista Julia Sweig.

Lo que la frase dio a entender fue que Castro reconocía el fracaso del modelo económico comunista de planificación estatal, que apoyaba las reformas que, de manera gradual, se han venido ejecutando en Cuba desde que su hermano, Raúl Castro, asumió la presidencia de facto, y que reconocía la necesidad de libre acción económica dentro de un orden social.

Sin embargo, menos de cuatro días después, en la Universidad de la Habana, afirmó "Mi idea, como todo el mundo conoce, es que el sistema capitalista ya no sirve ni para Estados Unidos, ni para el mundo, al que conduce de crisis en crisis que son cada vez más globales y repetidas (...) ¿Cómo podría servir semejante sistema para un país socialista como Cuba?".

Pero entonces ¿cuál es el modelo que sí serviría, tanto para Cuba como para el mundo? Fidel Castro no lo dijo, lo que hace suponer que en realidad no tiene en mente ninguna propuesta de modelo alternativa tanto al comunista como al capitalista.

Esta contradicción acompañada de falta de propuestas podría explicarse sobre la base del siguiente razonamiento:

En primer lugar, dejaremos de lado las frases “modelo económico comunista” y “modelo económico capitalista”

En segundo lugar, tendremos que convenir en que en realidad existen, con variantes y matices, dos formas de funcionamiento del orden económico, a saber: 1) El orden espontáneo, en el que la acción económica de los individuos es libre, pues no está sometida a los designios de un ente central planificador, y 2) El orden planificado, en el que la acción económica del individuo no es libre, pues es planificada por una burocracia centralizada que define la orientación y los fines del esfuerzo individual.

En tercer lugar, y sobre la base del primer y segundo puntos, podemos generar las siguientes hipótesis: a) Castro admite que el orden económico sometido a una férrea planificación es el que no funciona, por lo que se ha convertido en un partidario de las planificaciones selectivas y parciales. Es decir, que se ha vuelto un keynesiano. b) Castro sabe que solamente con la libre acción económica se puede salir de la eterna e indefinida bancarrota de su país, pero teme decirlo, y está buscando articular una forma de “ser capitalista sin ser capitalista”, o al menos sin admitirlo. c) Castro cree que existe una tercera vía, pero aún no la ha encontrado. d) (La menos probable) Castro está preparando el camino para que, de manera gradual, Cuba se convierta en una sociedad libre.

No sabemos, a ciencia cierta, qué es lo que se trae entre manos el ex presidente de facto de Cuba, Fidel Castro, pero lo seguro es que algo está en movimiento por aquellos lugares, y más temprano que tarde nos enteraremos de lo que se trata.

Escrito para el portal http://www.boliviademocratica.net/

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Un vistazo a la judicialización de la política practicada por el MAS

Gonzalo Sánchez de Lozada, Carlos Mesa Gisbert, Jorge “Tuto” Quiroga y Eduardo Rodríguez Veltzé, son los ex presidentes procesados en un Órgano Judicial por cuya imparcialidad ya nadie pone las manos al fuego.

Además, están los gobernadores Rubén Costas, Ernesto Suárez, y Mario Cossio, cuyo incuestionable apoyo popular recibido en las urnas no tiene importancia para un oficialismo empeñado en desestabilizar e intentar tomar todo lo que perdió en las elecciones de abril.

También están los alcaldes Jaime Barrón, Héctor Cartagena, René Joaquino, Percy Fernández y ahora Luís Revilla, entre suspendidos y por suspender, que fueron retirados de la silla edil, en unos casos, y que podrían serlo, en otros, por la simple acusación de un fiscal, que no es un representante del Órgano Judicial (que de todos modos es controlado por el Ejecutivo), sino un miembro del Órgano Ejecutivo.

Adicionalmente se tiene a Leopoldo Fernández, Víctor Hugo Cárdenas, José Luís Paredes, Arturo Murillo, Ramón Daza, Samuel Doria Medina, Manfred Reyes Villa y Ninoska Lazarte, entre otros, a quienes también se persigue con ese instrumento represivo que el masismo ha construido sobre lo que antaño se llamaba justicia.

Estos casos son variados y, dependiendo de cada uno, se podrá especular sobre la justicia o no del inicio de procesos. Sin embargo, cabe aclarar que en todos ellos nos encontramos en una situación en la que el gobierno hace de juez y parte. Si la acusación proviene de la Contraloría, es el MAS a través del Ejecutivo; si proviene de algún fiscal, es el MAS a través del Ejecutivo; si la sentencia es dictada por un juez, es el MAS a través de las autoridades judiciales nombradas a dedo por el Presidente Morales; si es el Legislativo, es el MAS a través de sus dos tercios de asambleístas sometidos a la verticalidad del partido de gobierno.

Puesto así, se puede concluir que estamos frente a una situación en que todos los poderes han sido concentrados en un mismo grupo, a través del que algunas cabezas mandantes están haciendo y deshaciendo en el país, y cuyas acciones están minando los principios básicos de libre expresión, pluralismo político, presunción de inocencia, derecho a debido proceso, irretroactividad de la ley, y muchos otros.

¿Cuál el límite para el poder que un gobierno ha obtenido a través del voto de la gente? El límite son los principios básicos de un orden social libre, a saber: el respeto a la vida, la libertad y la propiedad de los individuos; así como la completa vigencia de instituciones como la división y equilibrio de poderes, la libre expresión, el pluralismo político, la libre acción económica, la presunción de inocencia y otros, consagrados en las cartas universales de derechos.

Cuando un régimen de gobierno sobrepasa estos límites, ya nos podemos considerar en posición de decir que se ha transformado en una tiranía.

Escrito para el portal http://www.boliviademocratica.net/

lunes, 6 de septiembre de 2010

La democracia no es esencial

Así dicho, pareciera la afirmación de un partidario de algún tipo de sistema totalitario. Sin embargo, la sentencia que pongo hoy como título de esta columna, tiene una explicación.

Solemos olvidar el espíritu por el que fue inventada la democracia, y por el que fue evolucionando y perfeccionándose, para pasar de ese sistema rústico puesto en práctica por los griegos, tan simple como el origen etimológico de la palabra (demos=muchos, cratos=gobierno) “gobierno de muchos”; hasta el sistema complejo que hoy conocemos, con Constituciones, derechos de los individuos, división y equilibrio de poderes, voto secreto, universal y directo, y garantías para las libertades.

Ese espíritu era ni más ni menos que garantizar que las tiranías, derrotadas y desterradas, no volvieran a presentarse ante las personas para volver a robarles su libertad y su individualidad.

Comprendiendo el espíritu de la democracia, se puede concluir que este sistema de gobierno no es más que una herramienta, un medio para preservar el supremo fin de la libertad.

Los demócratas a ultranza, sin embargo, piensan en el sistema democrático como un fin. ¿Cuál fin? Que las decisiones dentro de un orden social sean tomadas de manera mayoritaria. Esta visión conlleva el peligro de que se reemplace la tiranía de uno o de unos pocos, por la tiranía de muchos o de la mayoría, y deje por los suelos el espíritu de la democracia.

Para un demócrata doctrinario, por ejemplo, podría ser lícito que si la mayoría decidiese suprimir los derechos de uno o más individuos, se tome esa decisión por legítima y se ejecute sin mayores consideraciones.

Sin embargo, deberíamos convenir en que los derechos individuales y, sobre todo, la libertad, no deben someterse jamás a votación. Ningún individuo tiene el derecho, por sí solo, de suprimir la libertad (que es esclavitud), de quitar la vida (que es asesinato) o de arrebatar la propiedad (que es robo), por lo que lógicamente tampoco tendría por que otorgar ese derecho a otros, por más mayoritaria que pudiera ser la exigencia de hacerlo.

El sistema democrático de gobierno sustenta su legitimidad en el hecho de ser el mejor conocido para la preservación de la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Al dejar de preservar dichos derechos, pierde esa legitimidad, y la sociedad afectada puede perfectamente descartarlo e instalar otro sistema que respete esos principios fundamentales.

Isaiah Berlin, decía que “…el autogobierno puede proveer de una mejor garantía para la preservación de las libertades civiles. […] Pero no existe ninguna conexión necesaria entre la libertad individual y la regla democrática.”

Si un gobierno monárquico, que concentrara todos los poderes en manos de una nobleza, concediera, sin embargo, mayores libertades a sus súbditos que, por ejemplo, el gobierno democrático de Venezuela ¿no sería legítimo preferir tal monarquía a una democracia opresora de las libertades y los derechos?

¿Cuál el sentido de una democracia si no sirve a la protección de la libertad y los derechos fundamentales de los individuos?

Podemos concluir, entonces, que lo esencial para los seres humanos es el respeto de sus vidas, de su libertad, y del fruto de su trabajo y esfuerzo, que es su propiedad: ¿La democracia? La democracia no es esencial, y puede ser descartada si se transforma en una tiranía, así cuente con el respaldo popular.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Abuso de poder

¿Qué es el abuso de poder?

Para responder a esta pregunta, primero se deben establecer ciertos parámetros mínimos que sirvan para la discusión.

Inicialmente debemos convenir en que durante miles de años de evolución, el ser humano logró descubrir los principios rectores para la construcción de un orden social libre. Tales principios son, básicamente, el respeto a la vida del individuo, a su libertad y a su propiedad.

Adicionalmente, se definieron mecanismos para proteger tales principios, a través del establecimiento de instituciones de gobierno que cuenten con la fuerza necesaria para hacerlos respetar pero que, a la vez, sean limitados en su poder y fuerza para evitar que dichas instituciones se conviertan en las que vulneren los mismos. Estos mecanismos son la igualdad ante la ley para todos los individuos, la justicia como ecuanimidad, y un sistema de gobierno democrático.

El sistema de gobierno democrático, a su vez, debe contar con ciertos componentes que se le ha incorporado durante su larga evolución, desde la democracia griega hasta nuestros días. Estos componentes son: 1) Que sea un sistema de gobierno opuesto a todo tipo de dictadura, incluida la de la mayoría. 2) Que permita a las personas elegir libremente a quienes habrán de administrar el poder gubernativo, a través del voto secreto, universal y directo. 3) Que la libre expresión y el pluralismo político sean elementos indispensables dentro de la práctica democrática. 4) Que la estructura institucional de la democracia esté dividida en tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), dispersando el poder y evitando a toda costa su concentración en una o en pocas manos. 5) La necesidad de que la democracia se constituya en un mecanismo para la protección de los tres principios rectores de un orden social libre, y no en un fin en sí mismo.

Es a partir de aquí que podemos definir lo que es el abuso de poder:

Abuso de poder es cuando a partir de un individuo o grupo de individuos, o desde una institución, y sin importan por cuántos otros éstos sean alentados, se vulnera la vida, la libertad o la propiedad de uno o más individuos.

Estos principios, que son derechos fundamentales de los seres humanos, no pueden someterse a votación, o ponerse a consideración de las masas. Ningún gobierno, ni ninguna autoridad, por muy abrumador que fuera su apoyo popular, tiene el derecho ni la legitimidad para vulnerar la vida, la libertad y la propiedad de una o más personas. Hacerlo, es un abuso de poder.

Colateralmente, también será un abuso de poder el violentar las instituciones y mecanismos de gobierno destinadas a proteger dichos principios. En este punto se debe dejar algo muy claro: Las instituciones de gobierno tienen una razón de ser y de existir, y deben ser protegidas si, y sólo si, sirven a la preservación de la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Las instituciones instauradas por una dictadura, por ejemplo, que son herramientas para que los déspotas conserven el poder y lo utilicen arbitrariamente vulnerando estos principios fundamentales de un orden social libre, pueden y deben ser destruidas, porque no cuidan al individuo, sino al déspota.

Pero cuando las instituciones de gobierno tienen como fin la protección de la gente, éstas deben ser, a la vez, protegidas por las personas.

Todo este andamiaje de principios, instituciones y protecciones mutuas, ha sido concebido para evitar que tanto nuestros vecinos del barrio, como nuestros gobernantes, tengan el poder para quitarnos la vida, que es asesinato; la libertad, que es esclavitud; y/o la propiedad, que es robo. En pocas palabras, hemos diseñado todo esto para evitar el abuso de poder.

Escrito para el portal http://www.boliviademocratica.net/

viernes, 3 de septiembre de 2010

¡Freiheit!

Esa era la palabra puesta en graffiti sobre un trozo del muro de Berlín, suspendido ante los alemanes del este por el brazo mecánico de una potente máquina. Caía el muro de la vergüenza comunista, caía la franja de la muerte marxista, se derrumbaba la servidumbre, el mundo presenciaba, enternecido, la prueba más contundente y descarnada de que el socialismo, inspirado en las homicidas ideas de Marx, Lenin y otros, no era más que un conjunto de mentiras y errores que robaban la libertad al individuo, destruyendo la dignidad humana, y causando sólo miseria, hambre y represión.

Pero el muro no cayó por sí sólo, ni por voluntad de los burócratas comunistas que se deleitaban disponiendo de las vidas de sus ciudadanos. Tuvieron que morir muchas personas durante décadas, tantas, que superan con creces las vidas perdidas por causa de esa otra criminal aventura colectivista llamada nazismo. Tuvieron que despertar los luchadores por la libertad como Lech Walesa, un electricista desempleado de la Polonia Comunista y líder del sindicato Solidaridad. Y fue necesaria la asistencia de la autoridad moral y lucha libertaria de Juan Pablo II, Margaret Tatcher, y Ronald Reagan.

El muro no dio más, el error burocrático de un dirigente comunista, anunciando que se le permitiría a los alemanes del este traspasarlo “a partir de ahora”, cuando en realidad se refería que a partir de ese instante se tramitarían permisos de viaje que entrarían en vigencia desde el día siguiente, fue equivalente a manifestar que se abrían las puertas del infierno. Multitudes de individuos se dirigieron a las salidas, lo militares tenían municiones y armas superiores a las necesarias para una guerra, pero nunca las usarían, tendrían que haber asesinado a las decenas de miles de personas que decidieron dejar de esperar a que los comunistas les devuelvan su libertad, y comenzaron a recuperarla a plan de picotazos y combazos contra la pared que había hecho de su país una gran cárcel. Los regímenes socialistas, hasta hoy, son los únicos que necesitan vigilar militarmente sus fronteras para evitar que las personas huyan despavoridas del paraíso.

Sin libertad no hay vida que valga, y sin dignidad dejamos de ser humanos. Thomas Jefferson dijo un día que “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”, y la primera ministra de Alemania, Angela Merkel, dijo este lunes que “la libertad no debe contemplarse como un bien sobreentendido, sino como algo por lo que se debe luchar y defender cada día”. La verdad de estas afirmaciones radica en el hecho de que siempre hay personas deseosas de disponer de las vidas de otros, tiranos dispuestos a construir nuevos muros y nuevos infiernos para sus ciudadanos, seres desquiciados y desequilibrados que buscan, nuevamente, ladrillo a ladrillo, arrebatarle al individuo su libertad y su dignidad, siempre camuflando su maldad y su sed de poder sin límites con buenas intenciones, promesas de construcción de paraísos, ilusiones redistributivas y espejismos de justicia social.

“Dame tu libertad y yo te doy seguridad” dicen los tiranos, y muchas personas les responden que sí. “Necesito más poder para ayudarte” dicen los totalitarios, y la gente les entrega ese poder desde las armas o desde las urnas. “Necesitamos grandes sacrificios” piden los criminales, y las masas ingenuas se sacrifican una y otra vez, entregan sus trabajos, sus pensamientos, sus vidas, y mueren sin ver jamás el paraíso prometido, y les dejan a sus hijos el infierno que ayudaron a construir.

Este lunes hemos recordado que hace veinte años, somos nosotros, los liberales, los luchadores por la libertad, quienes hemos triunfado sobre el totalitarismo, quienes hemos descubierto ya hace cientos de años la mejor de las ideas: Dejad en paz al individuo, permitid que sea él quien construya su propio paraíso, que cada quien decida sus metas y cómo alcanzarlas, que cada uno tome sus propias decisiones y cometa sus propios errores, y sólo exigidle que respete la libertad de sus semejantes.

Hoy, en Bolivia, los totalitarios internos nos han desafiado a una nueva batalla, están instalando las mismas ideas utilizando otras palabras, quieren levantar un nuevo muro para convertir nuestro país en una cárcel, y no importa el material con que se lo construya.

Por eso están calladitos estos días, no pueden festejar por la libertad, como lo hacemos nosotros, pero tampoco pueden hablar contra ella; la sola palabra se les atraganta al pronunciarla, decir libertad es como orar un Padre Nuestro para un endemoniado; saben que lo que hacen, el poder que piden, y el país que proponen, no son más que el camino de servidumbre.

Les tengo una buena noticia: Nosotros ganaremos y ellos perderán… como siempre. De nosotros dependerá cuán larga tenga que ser esta nueva batalla.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Planificación estatal=hambre y represión

Hoy, muchos charlatanes empiezan a predicar con más fuerza y entusiasmo, que “Marx tenía razón” respecto del papel fundamental del Estado en el manejo de la economía. Que la crisis mundial (que no es más que un serio altibajo dentro del libre mercado), demuestra que el capitalismo no funciona y que la libertad es un error. Igual que en 1929, los planificadores se frotan las manos por la posibilidad de poner en práctica sus malsanas ideas de definir los destinos y acciones de los seres humanos, por las ganas que siempre han tenido de decirle qué hacer y hacia dónde orientar sus acciones a las personas.

Es por eso que este es un momento oportuno para recordarles a nuestros camaradas ávidos de estatismo, algunos de los “grandes y maravillosos logros” de la planificación centralizada allí en donde la pudieron practicarla a sus anchas.

En la Unión Soviética, con la colectivización de las granjas, la industrialización estatal centralizada y los trabajos forzados, fruto del hambre y la servidumbre de los individuos para el Estado, nuestros maravillosos planificadores lograron que de una población de 194,1 millones de personas en 1940, que en seis años (para 1946) debió haber llegado a los 213 millones, llegaran, en 1946 a 167 millones. Es decir, la desaparición en seis años, como por arte de magia, de 46 millones de ciudadanos, de los cuales, las proyecciones más optimistas indican que “solamente” habrían muerto 26 millones por el hambre y la represión. ¿Por qué hambre? Porque la colectivización de las granjas, muy lejos de incrementar la producción de alimentos, lo que consiguió fue destruirla. ¿Por qué represión? Porque el mantenimiento del sistema de partido único, cero oposición al régimen, y los regímenes de trabajos forzados, requieren de un Estado represor y asesino.

A continuación transcribo textualmente lo que dice Jean François Revel en su magistral obra “El conocimiento inútil” sobre el ejemplo etíope: “Después de una estancia en Etiopía, en los perores momentos de la represión llevada a cabo por el régimen comunista, en 1977, el notable dirigente comunista italiano Giancarlo Pajetta declaró que el clima social de Addis Abeba [el dictador comunista de Etiopía] recordaba, en el fondo, el de París durante la Revolución francesa. ‘Igual que en París en 1792 y 1793, uno puede enterarse al medio día- bromeaba Pajetta- de que el hombre con quien cenaba la noche anterior acababa de ser ejecutado’”

Ciertamente en el África los ejemplos han sobrado, ya hablemos de Burundi, Mozambique u otros, de lo que se ha tratado y se trata es de gobiernos “progresistas”, antiimperialistas, nacionalistas, colectivistas, socialistoides o afines, que en realidad son sinónimo de represión, racismo tribal causado por factores identitarios, genocidio, hambre y miseria medieval. Cuando en el mundo occidental se conocieron, en los años 80’s, las imágenes de los niños africanos hechos piel y hueso, y con las barrigas hinchadas por la desnutrición, no vimos otra cosa que el resultado de la aplicación del colectivismo socialista, de la planificación centralizada progresista, de los regímenes dignos y soberanos antiimperialistas. Todos asesorados por norcoreanos, soviéticos, alemanes del este u otros ciudadanos de países integrantes, simpatizantes y militantes, del imperialismo comunista.

“El mayor productor de hambre del siglo XX es el socialismo” dice Jean François Revel, y los hechos lo han demostrado. ¿Queremos poner en funcionamiento la fábrica de hambre otra vez? ¿Eso es en lo que Marx tenía razón?

Yo soy partidario de la planificación, sí, pero de la planificación individual, en que cada persona trata de tomar sus decisiones y planificar su vida con la mayor racionalidad posible y con la mayor previsión que le alcance. Es la planificación de la libertad. No es perfecta, no elimina por completo la pobreza y el hambre, pero elimina la miseria medieval y la represión; no trae la felicidad a la puerta de nuestras casas, pero nos brinda mayores posibilidades de utilizar nuestros propios esfuerzos y habilidades para traerla.

La planificación centralizada de manos de grupículos de “expertos” ya ha demostrado su vocación por el asesinato y el genocidio, esa planificación, no la queremos.

martes, 4 de noviembre de 2008

¿Izquierda y Derecha? (Versión preliminar)

Este ensayo es parte de un libro de crítica al marxismo desde el punto de vista teórico, que espero se pueda publicar en unos meses. Es una versión preliminar, puesto que ya encontré algunas aclaraciones y argumentaciones necesarias que faltan.

Se suele abordar los debates político-ideológicos en términos de “izquierdas” y “derechas” sin tener necesariamente el conocimiento de lo que ello implica, y mas bien se lo hace en base a las etiquetas que previamente se les pone a determinados movimientos políticos que, de tanto repetirse, parecieran convertirse en verdad científica.

El origen de la utilización de estos términos (izquierda y derecha) para catalogar grupos o movimientos políticos, tiene como antecedente histórico la revolución francesa, cuando a la derecha del rey se encontraban la nobleza y el clero, y a su izquierda el estado llano. Sin embargo, y tratando de ir un poco más allá de la conclusión simplista de que a la derecha estaban los ricos u oligarcas y a la izquierda los pobres, debemos observar qué era lo que buscaba cada lado. La nobleza y el clero buscaban la conservación del orden de cosas y, con ella, de sus privilegios y beneficios. El estado llano buscaba cambios en el régimen de gobierno, basados principalmente en las ideas de la ilustración que son parte importante del liberalismo clásico. Entonces tendríamos como resultado al conservadurismo del lado derecho, y la búsqueda de cambios del lado izquierdo.


Gráfico 1

En el gráfico 1 tenemos del lado derecho únicamente al conservadurismo; es decir que ser de derecha implicaría necesariamente ser conservador y que la única tendencia política del lado derecho sería el conservadurismo. Y del lado izquierdo, ilustrado con una “i” grande, tendríamos a todos los movimientos políticos, ya sean liberales o marxistas, puesto que de una forma u otra, ambos son partidarios del cambio.

Esta forma de definición o tipificación de movimientos políticos parece, por un lado, poco útil, contradictoria e insuficiente, y por otro, se concentra fundamentalmente en el “qué” y no en el “cómo”.

Al concentrarse en el “qué” (que sin embrago también es un dato importante) está otorgando la importancia fundamental a lo que buscan dichos movimientos políticos, y dejando en segundo plano el “cómo”, que implica los medios, principios o métodos a través de los cuales pretenden alcanzar sus fines. Ello puede, en algunas situaciones, hacer que parezca que algunas ideas o movimientos políticos están más cerca de lo que realmente. Por ejemplo, todos los movimientos políticos estarán de acuerdo en que para mejorar las vidas de los ciudadanos son necesarios unos cambios pero ¿cuáles son esos cambios? ¿cómo abordarlos? Esas son preguntas importantes que generalmente se pierden dentro del discurso político, pero que deberían formar parte de los elementos de análisis en las esferas académicas.

Pero también hemos dicho que el planteamiento clásico es poco útil, contradictorio e insuficiente. Poco útil porque sitúa a todos los movimientos políticos en el mismo lado, sin importar las profundas diferencias que pudieran tener algunos de ellos, tornando inútil la aplicación del modelo como instrumento de análisis u orientación.

Contradictorio porque la corriente conservadora, a diferencia de lo que se cree, no está necesaria e inexorablemente relacionada con ciertas tendencias políticas, como el liberalismo o el monarquismo, sino que es relativa al tipo de orden establecido. Es decir que al ser el conservadurismo la tendencia a mantener la situación en que se vive, y al ser distinta la situación dependiendo del país del que hablemos, los movimientos conservadores pueden ser de todas las corrientes de pensamiento posibles, el único requisito para ser conservador es aborrecer los cambios. En la extinta Unión Soviética, por ejemplo, los conservadores eran quienes pretendían el mantenimiento del socialismo como sistema de gobierno, y la izquierda habría sido todo el movimiento en favor de la perestroika.

Finalmente, es insuficiente porque no contempla, además de las palabras “cambio” y “conservación”, mayores elementos de juicio para juzgar o tipificar movimientos e ideas políticas.

Norberto Bobbio, en su libro “derecha e izquierda” amplía la interpretación del antecedente francés definiendo dos tipos de izquierda, a saber, la extrema izquierda que sería a la vez igualitaria y autoritaria, y la centro-izquierda que sería igualitaria y libertaria, e incorporando dos tendencias dentro de la derecha, la centro-derecha a la vez libertaria y no igualitaria, y la extrema derecha que sería antiliberal y antiigualitaria.

Si bien el planteamiento de Bobbio nos brinda mayores herramientas de análisis, seguimos concentrándonos exclusivamente en los “qués” puesto que estamos hablando, ya no de la dicotomía entre “cambio” y “conservación”, sino de algunas combinaciones entre libertad, igualdad, autoritarismo, no igualitarismo y anti-libertad. Ver gráfico 2


Gráfico 2

Basándonos en regímenes que hayan existido efectivamente, podríamos decir del planteamiento de Bobbio que si su extrema derecha es antiliberal y antiigualitaria, consecuentemente debe ser autoritaria. Y si la extrema izquierda es autoritaria, obviamente es antiliberal y difícilmente será igualitaria (o muéstrenme un autoritarismo que haya apelado a la igualdad, y que sin embrago la haya alcanzado efectivamente).

Lo que pone al jacobinismo (que Bobbio situaba en la extrema izquierda) al nazismo y al fascismo (que se situaban en la extrema derecha) y al socialismo (que yo incluyo) dentro de lo que se podría llamar el “sector de los autoritarios” en la parte superior, que se diferencian únicamente en el discurso (unos apelan a la igualdad y otros al orden u otros elementos) y el “sector de los demócratas” en la parte inferior; los de la izquierda democrática ponen más énfasis en la igualdad que en la libertad, y los de la derecha democrática mayor énfasis en la libertad y menor en la igualdad.

Siguiendo la buena costumbre de cuestionar nuestras más caras ideas y a nuestros más destacados pensadores, propongo replantear todo el modelo de análisis por uno que, si bien no tendría por qué ser el único, ni el final, ni mucho menos el perfecto, nos dote de mayores elementos metodológicos y de juicio para clasificar o tipificar las ideas y los movimientos políticos, y que además sirva para enriquecer la dinámica de crítica y autocrítica respecto de este tema. Ver gráfico 3


Gráfico 3

El modelo inusual que propongo viene de la constatación de que en la historia y en el mundo existen, con matices, dos grandes tendencias filosófico-políticas. La primera, situada en el lado izquierdo del gráfico 3, es la de los partidarios de la construcción de sociedades cerradas, la intervención y planificación estatal, y el colectivismo. Y la segunda, en el lado derecho, es la de los que buscan la consolidación de una sociedad abierta, la mayor reducción posible del poder del Estado, y el respeto de la libertad individual. Llamar a cada una de estas corrientes “izquierda” y “derecha” correspondientemente, se lo puede hacer, no vamos a entrar dentro de una inútil discusión sobre palabras; sin embargo en los extremos del gráfico hay nombres que posiblemente describirían con mayor verosimilitud de qué se trata cada una de ellas.

El modelo está basado en los “cómos” más que en los “qués”, puesto que estamos asumiendo que todos los movimientos políticos, en determinado momento son partidarios de los cambios y buscan el bien común.

Una primera diferencia del modelo inusual con el clásico, es que el conservadurismo no es equivalente a una posición política específica, y más bien puede pertenecer a cualquiera de ellas. Esa es la razón por la que se encuentra en medio del gráfico, para mostrar que a partir de cualquier posición política, está disponible el conservadurismo para ser abrazado por quienes aborrecen los cambios. Los detractores de la perestroika y partidarios del mantenimiento del régimen socialista en la ex Unión Soviética, por ejemplo, serían las personas que, desde el socialismo, abrazaron el conservadurismo como posición frente a la necesidad de cambios.

Tenemos un centro en el que no se encuentra nada, y que nos sirve solamente como punto de referencia. A la derecha, en el lado positivo del eje x, tenemos tres fases de liberalismo, y en el lado negativo del eje (a la izquierda) cuatro tipos de estatismo. Es bueno aclarar que las siete opciones expuestas no son las únicas posibles, existen tantas posibilidades y planes de gobierno como personas en el planeta, pero para poder contar con una herramienta de análisis he elegido algunas de las principales y más generales características diferenciadoras de los movimientos e ideas políticas. Para ayudar en la explicación de las posiciones políticas, las presento en la siguiente tabla.


De los partidarios de la Sociedad Cerrada, el más cercano al centro (consecuentemente a la Sociedad Abierta) es la Social Democracia, que de los dos tipos de inversión (nacional y extranjera) prefiere la nacional, acepta asumir las funciones mínimas que se le encomienda a los Estados (salud, educación e infraestructura principalmente), pero además asume las funciones ampliadas, como ser algunas políticas de subsidio para el aparato productivo doméstico, y algunos bonos ciudadanos.

En el Nacionalismo cambian dos aspectos fundamentales: Se rechaza la inversión extranjera o se la acepta de manera muy marginal, y se prefiere la inversión nacional que puede provenir de inversionistas privados o del mismo Estado.

En el Nacionalismo Populista se intensifican las funciones ampliadas del Estado a través de la creación de muchos bonos, subsidios, medidas proteccionistas, intentos de regulación de precios y una importante participación del Estado en la economía.

En el Socialismo las inversiones deben ser solamente estatales, lo que implica que todo el sistema económico es dominado por el Estado. Pero además hay una mayor profundización de las funciones ampliadas del Estado, ya no solamente en la creación de beneficios y privilegios económicos, sino también en aspectos como el tipo de ideas que se deben o no difundir a través de la educación o los medios de comunicación, las funciones de los ciudadanos dentro del plan gubernamental, o las funciones del arte, la ciencia, la religión o los pasatiempos a favor o en contra de la consecución de una meta colectiva única y definida.

El Socialismo es el último paso y el más cercano al Totalitarismo, en donde el individuo como tal ya no existe, ha sido reemplazado por el Estado como una colectividad única, a la que debe servir, por la que debe su vida, y en función a la que debe orientar cada acción y cada pensamiento.

Por los partidarios de la Sociedad Abierta tenemos al Liberalismo fase 1, que prefiere la inversión nacional pero acepta de buena gana la extranjera, asume las funciones mínimas del Estado, pero rechaza las funciones ampliadas.

En el Liberalismo fase 2 no existen preferencias entre la inversión extranjera y nacional, ambas deberán competir libremente en el mercado.

El Liberalismo fase 3 continúa asumiendo las funciones mínimas del Estado, pero de manera indirecta. Esto quiere decir que la salud, educación, construcción de infraestructura y otras, son asumidas, en su ejecución, por entidades privadas, pero son financiadas por el Estado a través de vouchers (bonos o vales) que son distribuidos a los ciudadanos que los necesiten. De esta manera se busca, dentro del marco de la libre competencia, conseguir la oferta de mejores servicios para que el ciudadano pueda elegir la que más le convenga, pero que sigan siendo financiados por el Estado. Cada ciudadano entregará su voucher a la empresa que le ofrezca mejores y mayores beneficios, y ésta recuperará el valor de los vouchers del Estado.

El último paso en el camino de la reducción del poder y consecuente achicamiento del Estado es la Anarquía, que puede decantar en una sociedad donde los individuos hacen los que les place aun a costa de la libertad de sus iguales o, en los deseos de los optimistas, en una sociedad que ya no necesita de un Estado que regule sus libertades, puesto que ha alcanzado una madurez tal que puede funcionar en perfecta armonía y en libertad de manera autónoma.

Si bien la posición “Totalitarismo” se ha puesto en el extremo de los estatistas, eso no significa que cada posición expuesta en el lado izquierdo del gráfico (y otras que se pudieran identificar) no contenga per se rasgos totalitarios. A partir de la constatación de que el poder gubernativo es siempre coercitivo, se hace más que evidente que mientras más grande sea mayor será la coerción ejercida sobre los ciudadanos, más aun cuando estamos hablando del crecimiento de dicho poder a través de la mayor intervención del Estado en los asuntos de las personas. Entonces, los rasgos totalitarios se presentarán casi imperceptibles en la posición de la Social Democracia, e irán incrementándose a medida que nos alejemos más del centro y nos acerquemos a la posición extrema.

De la misma forma, en el lado de los partidarios del Estado mínimo, las características anarquistas serán casi imperceptibles en la posición del Liberalismo 1, pero mientras más nos acerquemos a la posición extrema, más notoria será la poca participación del Estado en los asuntos del las personas y la preponderancia del individuo como actor fundamental de la dinámica social.

¿Por qué no utilizar el modelo propuesto por Jorge Lazarte en “Derrumbe de la res-pública”? Porque dicho modelo, si bien hace una caracterización en base a las tendencias “mercado” y “Estado”, también incluye un segundo eje con los elementos “modernidad” y “tradición” que, desde mi punto de vista, puede estar perfectamente incluido en el primer eje. Es decir ¿existe algo más tradicional que el Estado regulándolo todo, desde la economía, los medios de comunicación, los contenidos educativos, etc.? ¿Acaso lo tradicional y ancestral no es precisamente tener a una persona o grupo de personas con un poder casi divino, planificando las vidas de todos, desde los temas alimenticios, hasta los reproductivos, morales y de fe?

Y por otro lado, aunque hoy parezca algo anticuada, la liberación del ser humano de los dogmas, los mitos, la opresión religiosa y de los reyes, los poderes y los misterios ocultos, y los tiranos que obligaban a la gente a actuar de acuerdo a sus planes personales, es precisamente un resultado de la modernidad. La aparición del individuo sujeto y protagonista de la historia abrió paso a la verdadera libertad. Construir “lo moderno” ha costado miles de años de evolución, y aun no se logra consolidar en el planeta, de otra forma no continuaríamos hablando de movimientos políticos colectivistas y estatistas.