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martes, 9 de agosto de 2011

Los insensatos indignados

En algunos puntos del globo se están reproduciendo los grupos de “indignados” con reclamos que, vistos superficialmente, parecerían comprensibles y hasta dignos de simpatía. Democracia de verdad, trabajo, techo… en resumen: mejores condiciones u oportunidades para los jóvenes. Son algunas de las consignas de estas personas.

La relación que se intenta establecer entre democracia “verdadera” y las necesidades de la gente causadas por la crisis, se debe a la absurda creencia de que el establecimiento de órdenes sociales con libertad y democracia traerían automáticamente el paraíso y la felicidad a las personas.

Este es un error muy común en nuestras sociedades y, a causa de él, suelen aparecer los descontentos dentro de los órdenes sociales libres. Es por ello que creo conveniente poner algunos puntos claros respecto de este tema.

La libertad y la democracia no implican la necesaria aparición de la felicidad y el paraíso delante de nuestros ojos, de la misma manera que no significa que las personas utilizarán esa libertad para perseguir el bienestar. El hecho de vivir en libertad nos brinda como única garantía que seremos nosotros, y no otros, quienes tengamos el mayor influjo sobre nuestros propios destinos y vidas. 

Normalmente, el establecimiento de regímenes totalitarios ha restringido la libertad de los individuos al punto de que éstos ya no son dueños de sus acciones y esfuerzos, siendo estos gobiernos los que decidían cuáles eran las metas de la sociedad y, por lo tanto, cuál era la dirección hacia la que las personas tenían que dirigir sus esfuerzos, en los distintos ámbitos del quehacer humano.

No importaba, entonces, si la ocupación impuesta por el Estado al individuo satisfacía las expectativas de éste o le ayudaba a alcanzar sus propias metas. Lo único que interesaba era si las personas seguían la dirección trazada por los burócratas en el poder, y si cumplían con las tareas que se les había asignado en ese sentido.

La democracia, por otro lado, no es más que un mecanismo creado en el intento de preservar la libertad de los individuos. Si el poder del Estado está dividido en distintos órganos, si los gobernantes no pueden perpetuarse en el poder, y si existen mecanismos para que sean las personas quienes definan cuáles serán los actores políticos que administren los asuntos públicos, mayores dificultades tendrán las mentes totalitarias para disponer a su antojo de la vida y destinos de las personas.

Si los movimientos de indignados pretenden que sean sus Estados quienes les doten de todos los recursos materiales para tener bienestar, están renunciando a la responsabilidad de proveerse ellos mismos de dichos bienes y, peor aun, están clamando por gobiernos con poderes mayores, que sean capaces de decidir quiénes, cómo, cuándo, por qué y dónde cada individuo ha de recibir los dones y dádivas estatales.

Probablemente muchos gobiernos del mundo son más responsables de haber acostumbrado a sus ciudadanos a un bienestar artificialmente construido, que se ha tornado insostenible en los últimos tiempos, y no así de no intervenir en sentido opuesto. Es decir, que la actual crisis es fruto de las intervenciones estatales dentro del orden social, y no así de su falta de acción o planificación.

El problema con las generaciones jóvenes que hoy muestran su desesperanza, es que las expectativas que tenían respecto del futuro, frente a las dificultades del presente, parecen diluirse sin remedio frente a sus ojos. Pero eso es algo con lo que ya tuvieron que lidiar otras generaciones.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Lo privado llega a su fin

Cuando muchos de los críticos del gobierno del MAS y de su Constitución vaticinábamos serias vulneraciones a los derechos de propiedad de las personas, se nos tildaba de exagerados y apocalípticos. “La derecha quiere desacreditar el proceso de cambios con anuncios alarmistas sin ningún sustento” se decía. No obstante, aquello que entonces parecían exageraciones de ultra radicales “de derechas” se está confirmando en nuestros días a través de medidas político/legales que poco a poco incrementan los límites a los derechos de propiedad de las personas. Veamos un par de ejemplos:

Se dice que de acuerdo a una reciente instructiva del Consejo de la Judicatura, todos los contratos que sean celebrados entre privados deben ser apropiadamente registrados en las notarías de fe pública y esos registros enviados, en el día de la suscripción de los mismos, a aquel órgano del sistema Judicial.

Es decir que, en los hechos, ya no existirían los contratos privados más que de manera nominal. La privacidad de un contrato consistía en el hecho de que sólo los signatarios del mismo conocían sus términos, pues se trataba de un acuerdo de voluntades entre dos o más partes, que se obligaban a hacer o dejar de hacer algo, y que sólo adquiría el carácter de público cuando alguna de las partes así lo requería.

De esta forma, las transacciones o acuerdos a los que cada individuo pudiera llegar con sus semejantes, así como la forma en que todos decidiesen disponer de su propiedad, era un asunto que solamente concernía a los interesados, no pudiendo intervenir el Estado sino hasta que la libertad o los derechos de alguna de las partes fuesen vulnerados, o cuando alguna de ellas considerase que aquel acuerdo no se habría cumplido en alguno de sus términos.

Ahora, el Estado estaría obligando a todos los ciudadanos a informarle de cada acuerdo, cada transacción, cada movimiento que sea suscrito, con lo que se pone en marcha un control absoluto de las actividades legales de las personas. Cosa que constituye una intromisión del estado en los asuntos de los particulares, vulnerando el derecho privado.

Otro ejemplo es el Decreto Supremo por el que a partir de ahora no se podrá llevar adelante ninguna transacción por una suma igual o mayor a 50 mil bolivianos, cuando ésta no sea a través de cheques, tarjetas o instituciones bancarias.

En otras palabras, su dinero, que es el fruto de su trabajo, parte de su propiedad y patrimonio, del que usted debería poder disponer libremente en las cantidades que requiera y en el momento que le plazca, ahora estará constante y sistemáticamente vigilado por el Estado.

Si usted lo puede notar, esto se trata de un pequeño corralito que limita la libre disponibilidad de su patrimonio, obligándole a revelar cuánto, para qué y con quién está realizando una transacción financiera.

Ambas medidas se refuerzan mutuamente, pues aunque usted tuviera dinero guardado debajo de su colchón para realizar una transacción, por la eliminación del carácter privado de los contratos, a la hora de suscribir uno, se le estará obligando a revelar cuánto dinero invirtió, para que fines, y a quién fue entregado.

Este es un rotundo paso hacia la desaparición de los derechos de propiedad, basado en la restricción gradual, y sistemática eliminación de sus principios, como son la exclusividad, la perpetuidad y el carácter absoluto, así como el libre uso, goce y disposición de la misma.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Yo ya tengo mi papá

Y no necesito otro. Para ser exacto, al ser creyente, considero que tengo dos papás: el celestial, que me hizo absolutamente libre, por lo que no admito que ningún mortal que quite esa libertad; y el terrenal, un buen hombre y honrado coronel de ejército que puso sus reglas cuando era yo menor de edad, y que me dio mi libertad al madurar.

Pero ahora resulta que unos burócratas metiches me obligan a aportar mi dinero para construir campos deportivos y promover el deporte. ¿Me preguntaron si me interesa invertir en esas cosas?, claro que no. Como de costumbre, el Estado está ahí para vulnerar los derechos y la libertad de la gente, definiendo arbitrariamente lo que es bueno y lo que es malo para uno, y robándonos el dinero que con tanto esfuerzo logramos ganar.

Me refiero al proyecto de Ley presentado por Evo Morales el día lunes, por el que se va a elevar el impuesto a los cigarrillos y bebidas alcohólicas para destinar esos recursos a la promoción del deporte.

"A veces nos sentimos huérfanos económicamente para apoyar a los atletas, a los deportistas, pero también para campos deportivos, además de hacer eventos deportivos" ha dicho Morales. Pero no entiendo de qué orfandad hablan, si tienen a su disposición el dinero de los hidrocarburos, de las telecomunicaciones, fundiciones, refinerías, electricidad, etc. por lo que no hay por qué exprimir más al ciudadano trabajador, robándole el dinero de su esfuerzo con más impuestos.

“A la juventud se aleja de la perversión mediante el deporte" también ha dicho el Presidente. Eso debería decirle a su amigo Maradona, que aunque muy campeón del fútbol, no pudo alejarse de la “perversión” del consumo de drogas. También hay por ahí algunos presidentes, que aprovechan el fútbol para propinarles rodillazos en los genitales a los adversarios que les hacen enojar. Eso me parece una perversión.

El caso es que yo no necesito un papá Estado que me obligue a aportar dinero para una actividad que me parece absurda. Porque el fútbol me parece absurdo, no me gusta, y creo que tengo el derecho a ser consultado si es que se pretende que yo aporte para semejante ridiculez. Soy fumador, y tampoco me interesa tener un papá Estado que me diga si eso me hace daño o no, ni que pretenda disuadirme de hacerlo a través de la elevación de los impuestos. Ese es mi problema, mi libertad de elegir y decidir.

Algún día los ciudadanos se darán cuenta de que los impuestos no son más que un robo disfrazado de patriotismo. Son lo equivalente a quitarle a un individuo su billetera, sacarle su dinero, y destinarlo a una “buena causa”. Sigue siendo un robo ¿Quién dice que no hay ladrones que invierten sabiamente y en causas nobles el resultado de sus fechorías? Y no por eso vamos a justificar los asaltos.

Aunque ciertos vicepresidentes que participaron en asaltos a ciertas remesas de la U.M.S.S., también usaron el justificativo tonto de que el dinero era requerido para la “buena causa” de la revolución. Sigo creyendo que el robo es robo, sin importar las nobles causas que se esgriman en su favor, y sin interesar si quien lo comete es un ladrón de la calle o un burócrata del Estado.

La eliminación de los impuestos es una forma de ser libres, y una de las mejores para combatir la inflación, pues lo sueldos no se ven reducidos cuando el Estado viene a cobrar su tajada mal habida, y los productos bajan de precio porque ya no pagan impuestos ni aranceles a la importación. Los impuestos son un robo y son señales de servidumbre, porque el Estado nos obliga a trabajar para él.

jueves, 14 de octubre de 2010

Evo Morales presencia un milagro del capitalismo

El rescate de los mineros atrapados desde el 5 de agosto pasado en Chile ya es un record Guiness, no sólo porque nadie antes en la historia había sobrevivido tanto tiempo atrapado bajo tierra, sino porque es un rescate a profundidad terrestre nunca antes visto.

Pero el deseo del Presidente Morales por presenciar la operación de rescate va más allá de la simple voluntad de haber estado presente durante un acontecimiento nunca antes visto. Se trata de la necesidad de conseguir algo de prestigio urgentemente.

Y es que la forma eficiente y positiva en la que ha actuado el Gobierno chileno en este problema, ha significado para su Presidente, Sebastián Piñera, un halo de éxito de gran rentabilidad política, y Evo Morales, a quien últimamente no le va muy bien resolviendo los problemas de sus propios ciudadanos, pretende que algo de ese prestigio y popularidad le sean transmitidos a través de su presencia en la República de Chile.

La visita de Morales a Chile es, en los hechos, una jugada de marketing político, que pretende mostrar al Presidente de Bolivia presente en un lugar desde donde ya se respira e irradia éxito. Éxito político, éxito tecnológico, éxito espiritual y éxito económico.

Todo este éxito, sin embargo, es fruto de aquellas cosas que Evo Morales ha estado y continúa despreciando. La victoria del rescate de los 33 mineros, es el testimonio de un país que hace ya mucho tiempo decidió ser parte de la globalización, abrir sus fronteras mentales y económicas, y entrar de lleno en el desarrollo y el progreso.

Todos los principios liberales de respeto a la vida, la libertad, la propiedad privada, la iniciativa económica, las inversiones, la libre expresión, el Estado de derecho y otros, han determinado el sitial de la República de Chile, como un país en el que los individuos y, por supuesto, su Estado, ponen a la ciencia, la tecnología y el capital al servicio del ser humano, para alcanzar el bienestar, para salvar vidas y para obtener comodidades.

No logramos tener ni la más remota sospecha de lo que se habría logrado en Chile, si es que en lugar de los beneficios del capitalismo, se hubiera decidido acudir a la “sabiduría ancestral” de los originarios de América.

La presencia de Morales en el rescate, y nuestra posibilidad de verlo por televisión, deberían causar que nos pongamos a pensar seriamente a dónde queremos llegar. ¿Queremos poder rescatar a nuestros compatriotas el día en que se encuentren en una situación similar?, ¿Queremos un Estado con la capacidad y los recursos necesarios para proteger a la gente?, ¿Queremos desarrollo, bienestar y progreso? Si es así, entonces deberíamos revisar seriamente los métodos y caminos elegidos, que nos conducen a un destino totalmente opuesto al que ambicionamos, y deberíamos reencauzar nuestros esfuerzos en el mismo sentido en que lo ha hacho la República de Chile hace ya tantos años.

Escrito para el portal www.boliviademocratica.net

viernes, 8 de octubre de 2010

El precio de la libertad es la eterna vigilancia (Thomas Jefferson)

Muchos pensadores, durante la historia de la humanidad, han descubierto, y luego afirmado, que la libertad es un preciado bien que nunca deja de correr riesgo frente a los poderosos, y que los individuos deben vivir constantemente alertas contra todos los peligros que invariablemente la acechan.

Y es que la libertad no necesariamente se la pierde de golpe, sino que también puede desaparecer a través de un proceso de cambios de la forma en que los poderosos se relacionan con los individuos, en el que aquellos vayan reduciendo, poco a poco, y arguyendo los más nobles fines e ideales, el margen y las posibilidades de libre acción de éstos. De esta forma, el resultado final es que los individuos vuelven al estado de servidumbre, y se convierten en medios para que los poderosos de turno alcancen los fines particulares que ellos mismos ha trazado.

Pero perder la libertad no solamente requiere de poderosos que estén dispuestos a arrebatársela a una sociedad, sino, y principalmente, de individuos descuidados e incautos que no la valoran, que no la cuidan, y que están dispuestos a cederla a cambio de beneficios y de promesas de mayor seguridad y menos responsabilidad por sus propias vidas.

Es esta combinación fatal la que causa que hoy, en Bolivia, se haya aprobado una ley que elimina la posibilidad de que los ciudadanos nos expresemos libremente, sin temor a que un juez nos encarcele por decir lo que pensamos; que los padres de familia reciban con aplausos la idea de que se establezca un toque de queda para que los jóvenes menores de edad regresen a sus hogares temprano, so pena de ser castigados por funcionarios del Estado; que tengamos una Ley de Autonomías que posibilita que los fiscales suspendan a autoridades con una simple acusación, ignorando por completo la voluntad de quienes las eligieron; y tantas otras normas que se están incorporando en la estructura jurídica del país, y que están consiguiendo que la libertad, como el personaje de de Joaquin Lavado (Quino), sea cada vez más pequeña.

Escrito para el portal www.boliviademocratica.net

sábado, 18 de septiembre de 2010

Encuesta mensual


Iniciamos las encuestas mensuales de "Veni, vidi, vici" con la pregunta ¿Conoce usted la filosofía de la libertad? en base a cuyos resultados, que se mantendrán públicos en este blog, generaremos contenido nuevo.

El lector queda cordialmente invitado a participar.

lunes, 6 de septiembre de 2010

La democracia no es esencial

Así dicho, pareciera la afirmación de un partidario de algún tipo de sistema totalitario. Sin embargo, la sentencia que pongo hoy como título de esta columna, tiene una explicación.

Solemos olvidar el espíritu por el que fue inventada la democracia, y por el que fue evolucionando y perfeccionándose, para pasar de ese sistema rústico puesto en práctica por los griegos, tan simple como el origen etimológico de la palabra (demos=muchos, cratos=gobierno) “gobierno de muchos”; hasta el sistema complejo que hoy conocemos, con Constituciones, derechos de los individuos, división y equilibrio de poderes, voto secreto, universal y directo, y garantías para las libertades.

Ese espíritu era ni más ni menos que garantizar que las tiranías, derrotadas y desterradas, no volvieran a presentarse ante las personas para volver a robarles su libertad y su individualidad.

Comprendiendo el espíritu de la democracia, se puede concluir que este sistema de gobierno no es más que una herramienta, un medio para preservar el supremo fin de la libertad.

Los demócratas a ultranza, sin embargo, piensan en el sistema democrático como un fin. ¿Cuál fin? Que las decisiones dentro de un orden social sean tomadas de manera mayoritaria. Esta visión conlleva el peligro de que se reemplace la tiranía de uno o de unos pocos, por la tiranía de muchos o de la mayoría, y deje por los suelos el espíritu de la democracia.

Para un demócrata doctrinario, por ejemplo, podría ser lícito que si la mayoría decidiese suprimir los derechos de uno o más individuos, se tome esa decisión por legítima y se ejecute sin mayores consideraciones.

Sin embargo, deberíamos convenir en que los derechos individuales y, sobre todo, la libertad, no deben someterse jamás a votación. Ningún individuo tiene el derecho, por sí solo, de suprimir la libertad (que es esclavitud), de quitar la vida (que es asesinato) o de arrebatar la propiedad (que es robo), por lo que lógicamente tampoco tendría por que otorgar ese derecho a otros, por más mayoritaria que pudiera ser la exigencia de hacerlo.

El sistema democrático de gobierno sustenta su legitimidad en el hecho de ser el mejor conocido para la preservación de la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Al dejar de preservar dichos derechos, pierde esa legitimidad, y la sociedad afectada puede perfectamente descartarlo e instalar otro sistema que respete esos principios fundamentales.

Isaiah Berlin, decía que “…el autogobierno puede proveer de una mejor garantía para la preservación de las libertades civiles. […] Pero no existe ninguna conexión necesaria entre la libertad individual y la regla democrática.”

Si un gobierno monárquico, que concentrara todos los poderes en manos de una nobleza, concediera, sin embargo, mayores libertades a sus súbditos que, por ejemplo, el gobierno democrático de Venezuela ¿no sería legítimo preferir tal monarquía a una democracia opresora de las libertades y los derechos?

¿Cuál el sentido de una democracia si no sirve a la protección de la libertad y los derechos fundamentales de los individuos?

Podemos concluir, entonces, que lo esencial para los seres humanos es el respeto de sus vidas, de su libertad, y del fruto de su trabajo y esfuerzo, que es su propiedad: ¿La democracia? La democracia no es esencial, y puede ser descartada si se transforma en una tiranía, así cuente con el respaldo popular.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Abuso de poder

¿Qué es el abuso de poder?

Para responder a esta pregunta, primero se deben establecer ciertos parámetros mínimos que sirvan para la discusión.

Inicialmente debemos convenir en que durante miles de años de evolución, el ser humano logró descubrir los principios rectores para la construcción de un orden social libre. Tales principios son, básicamente, el respeto a la vida del individuo, a su libertad y a su propiedad.

Adicionalmente, se definieron mecanismos para proteger tales principios, a través del establecimiento de instituciones de gobierno que cuenten con la fuerza necesaria para hacerlos respetar pero que, a la vez, sean limitados en su poder y fuerza para evitar que dichas instituciones se conviertan en las que vulneren los mismos. Estos mecanismos son la igualdad ante la ley para todos los individuos, la justicia como ecuanimidad, y un sistema de gobierno democrático.

El sistema de gobierno democrático, a su vez, debe contar con ciertos componentes que se le ha incorporado durante su larga evolución, desde la democracia griega hasta nuestros días. Estos componentes son: 1) Que sea un sistema de gobierno opuesto a todo tipo de dictadura, incluida la de la mayoría. 2) Que permita a las personas elegir libremente a quienes habrán de administrar el poder gubernativo, a través del voto secreto, universal y directo. 3) Que la libre expresión y el pluralismo político sean elementos indispensables dentro de la práctica democrática. 4) Que la estructura institucional de la democracia esté dividida en tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), dispersando el poder y evitando a toda costa su concentración en una o en pocas manos. 5) La necesidad de que la democracia se constituya en un mecanismo para la protección de los tres principios rectores de un orden social libre, y no en un fin en sí mismo.

Es a partir de aquí que podemos definir lo que es el abuso de poder:

Abuso de poder es cuando a partir de un individuo o grupo de individuos, o desde una institución, y sin importan por cuántos otros éstos sean alentados, se vulnera la vida, la libertad o la propiedad de uno o más individuos.

Estos principios, que son derechos fundamentales de los seres humanos, no pueden someterse a votación, o ponerse a consideración de las masas. Ningún gobierno, ni ninguna autoridad, por muy abrumador que fuera su apoyo popular, tiene el derecho ni la legitimidad para vulnerar la vida, la libertad y la propiedad de una o más personas. Hacerlo, es un abuso de poder.

Colateralmente, también será un abuso de poder el violentar las instituciones y mecanismos de gobierno destinadas a proteger dichos principios. En este punto se debe dejar algo muy claro: Las instituciones de gobierno tienen una razón de ser y de existir, y deben ser protegidas si, y sólo si, sirven a la preservación de la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Las instituciones instauradas por una dictadura, por ejemplo, que son herramientas para que los déspotas conserven el poder y lo utilicen arbitrariamente vulnerando estos principios fundamentales de un orden social libre, pueden y deben ser destruidas, porque no cuidan al individuo, sino al déspota.

Pero cuando las instituciones de gobierno tienen como fin la protección de la gente, éstas deben ser, a la vez, protegidas por las personas.

Todo este andamiaje de principios, instituciones y protecciones mutuas, ha sido concebido para evitar que tanto nuestros vecinos del barrio, como nuestros gobernantes, tengan el poder para quitarnos la vida, que es asesinato; la libertad, que es esclavitud; y/o la propiedad, que es robo. En pocas palabras, hemos diseñado todo esto para evitar el abuso de poder.

Escrito para el portal http://www.boliviademocratica.net/

viernes, 3 de septiembre de 2010

¡Freiheit!

Esa era la palabra puesta en graffiti sobre un trozo del muro de Berlín, suspendido ante los alemanes del este por el brazo mecánico de una potente máquina. Caía el muro de la vergüenza comunista, caía la franja de la muerte marxista, se derrumbaba la servidumbre, el mundo presenciaba, enternecido, la prueba más contundente y descarnada de que el socialismo, inspirado en las homicidas ideas de Marx, Lenin y otros, no era más que un conjunto de mentiras y errores que robaban la libertad al individuo, destruyendo la dignidad humana, y causando sólo miseria, hambre y represión.

Pero el muro no cayó por sí sólo, ni por voluntad de los burócratas comunistas que se deleitaban disponiendo de las vidas de sus ciudadanos. Tuvieron que morir muchas personas durante décadas, tantas, que superan con creces las vidas perdidas por causa de esa otra criminal aventura colectivista llamada nazismo. Tuvieron que despertar los luchadores por la libertad como Lech Walesa, un electricista desempleado de la Polonia Comunista y líder del sindicato Solidaridad. Y fue necesaria la asistencia de la autoridad moral y lucha libertaria de Juan Pablo II, Margaret Tatcher, y Ronald Reagan.

El muro no dio más, el error burocrático de un dirigente comunista, anunciando que se le permitiría a los alemanes del este traspasarlo “a partir de ahora”, cuando en realidad se refería que a partir de ese instante se tramitarían permisos de viaje que entrarían en vigencia desde el día siguiente, fue equivalente a manifestar que se abrían las puertas del infierno. Multitudes de individuos se dirigieron a las salidas, lo militares tenían municiones y armas superiores a las necesarias para una guerra, pero nunca las usarían, tendrían que haber asesinado a las decenas de miles de personas que decidieron dejar de esperar a que los comunistas les devuelvan su libertad, y comenzaron a recuperarla a plan de picotazos y combazos contra la pared que había hecho de su país una gran cárcel. Los regímenes socialistas, hasta hoy, son los únicos que necesitan vigilar militarmente sus fronteras para evitar que las personas huyan despavoridas del paraíso.

Sin libertad no hay vida que valga, y sin dignidad dejamos de ser humanos. Thomas Jefferson dijo un día que “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”, y la primera ministra de Alemania, Angela Merkel, dijo este lunes que “la libertad no debe contemplarse como un bien sobreentendido, sino como algo por lo que se debe luchar y defender cada día”. La verdad de estas afirmaciones radica en el hecho de que siempre hay personas deseosas de disponer de las vidas de otros, tiranos dispuestos a construir nuevos muros y nuevos infiernos para sus ciudadanos, seres desquiciados y desequilibrados que buscan, nuevamente, ladrillo a ladrillo, arrebatarle al individuo su libertad y su dignidad, siempre camuflando su maldad y su sed de poder sin límites con buenas intenciones, promesas de construcción de paraísos, ilusiones redistributivas y espejismos de justicia social.

“Dame tu libertad y yo te doy seguridad” dicen los tiranos, y muchas personas les responden que sí. “Necesito más poder para ayudarte” dicen los totalitarios, y la gente les entrega ese poder desde las armas o desde las urnas. “Necesitamos grandes sacrificios” piden los criminales, y las masas ingenuas se sacrifican una y otra vez, entregan sus trabajos, sus pensamientos, sus vidas, y mueren sin ver jamás el paraíso prometido, y les dejan a sus hijos el infierno que ayudaron a construir.

Este lunes hemos recordado que hace veinte años, somos nosotros, los liberales, los luchadores por la libertad, quienes hemos triunfado sobre el totalitarismo, quienes hemos descubierto ya hace cientos de años la mejor de las ideas: Dejad en paz al individuo, permitid que sea él quien construya su propio paraíso, que cada quien decida sus metas y cómo alcanzarlas, que cada uno tome sus propias decisiones y cometa sus propios errores, y sólo exigidle que respete la libertad de sus semejantes.

Hoy, en Bolivia, los totalitarios internos nos han desafiado a una nueva batalla, están instalando las mismas ideas utilizando otras palabras, quieren levantar un nuevo muro para convertir nuestro país en una cárcel, y no importa el material con que se lo construya.

Por eso están calladitos estos días, no pueden festejar por la libertad, como lo hacemos nosotros, pero tampoco pueden hablar contra ella; la sola palabra se les atraganta al pronunciarla, decir libertad es como orar un Padre Nuestro para un endemoniado; saben que lo que hacen, el poder que piden, y el país que proponen, no son más que el camino de servidumbre.

Les tengo una buena noticia: Nosotros ganaremos y ellos perderán… como siempre. De nosotros dependerá cuán larga tenga que ser esta nueva batalla.

Ley de pensiones debe respetar al ciudadano

Siempre que en Bolivia hemos hablado de una ley de pensiones, hemos sido víctimas de las imposiciones desde el Estado.

Al individuo que aporta para su jubilación nunca se le ha preguntado si quiere que sea una organización del Estado o una privada, la que administre su dinero. Esta decisión siempre ha estado en manos de los burócratas de turno y de su humor ideológico.

Cuando los gobiernos han sido estatistas, ya sea del viejo cuño del nacionalismo, o del nuevo nacional-indigenismo, éstos han entregado el dinero de la gente, sin hacer ninguna pregunta, a las rapaces garras de los burócratas de turno, que lo han hecho desaparecer al mismo tiempo que sus cuentas personales crecían misteriosamente.

El gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada desterró la corrupción en la administración de pensiones al crear las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP’s), evitando que el dinero de las personas pase por las manos de los políticos, pero tampoco le preguntó a la gente si estaba de acuerdo con la decisión. La reforma se llevó adelante como siempre, presumiendo que desde el Estado se sabe lo que es bueno para los individuos y sus aportes, y determinando unilateralmente lo que se va a hacer con ellos, sin preguntarles nada.

Hoy se pretende hacer un tanto de lo mismo. Está en puertas la aprobación de una nueva Ley de pensiones, y las partes en debate (si es que la mayoría abrumadora del oficialismo permite algún debate) pretenden que saben mejor que los ciudadanos lo que les conviene.

El debate podrá girar en orno a si la administración de las pensiones es estatal o privada, o si la Ley es más solidaria y redistributiva, o más individualista. La posición que triunfe pretenderá imponerse por encima de cualquier consideración del ciudadano de a pie, demostrando que a ambos grupos políticos les importa muy poco lo que desee la gente.

Sin embargo, lo ideal sería diseñar una Ley de pensiones que le pregunte al aportante cómo es que quiere que su dinero sea administrado. Que le permita al individuo elegir de entre una lista de organizaciones, entre privadas y públicas, quién quiere que administre sus aportes.

Que sea a través de un formulario de preguntas, que el ciudadano decida si opta por la administración pública o privada, si quiere aportar o no a un fondo solidario para quienes no tienen jubilación, si desea realizar un aporte adicional para la jubilación de su cónyuge, si quiere conservar los dividendos de sus aportes o desea donarlos para los más necesitados, si prefiere hacer el aporte mínimo (que se podría establecer) o si quiere incrementarlo voluntariamente en la cantidad que él decida, etc.

El día que se aprobara una Ley de pensiones tal, sería el día que por primera vez habríamos puesto al individuo y sus aspiraciones e intereses, por encima de los caprichos y arbitrios de los políticos de turno. Sería el día en que trataríamos a las personas con la dignidad de seres humanos capaces de tomar sus propias decisiones.

miércoles, 7 de enero de 2009

Prima Nocte

O prima noctis. Así se llamaba el privilegio por el que los señores feudales de Inglaterra tenían el derecho de tener sexo con las esposas de sus súbditos en la primera noche de bodas. Fue y es considerado un abuso porque al otorgar tal privilegio, el rey aplicaba su poder para obligar a los recién casados a hacer algo que no querían, no porque él fuera rey, ni porque fuera uno solo, sino porque estaba obligándoles a hacer algo sin su consentimiento. ¿Y era un abuso contra quién? No contra la comunidad, ni siquiera un abuso contra la pareja, sino específicamente contra la mujer, contra la libertad de la mujer de acostarse con quien le diera la gana cuando le diera la gana.

¿Qué hubiera pasado si el monarca decidía consultar primero al marido si estaba de acuerdo con prestar a su mujer en la primera noche de bodas? A no ser que el hombre tuviera alguna perversa fijación con compartir a su mujer con su señor, seguramente se hubiera negado. ¿Y si el monarca le hubiese ofrecido una cuantiosa suma en oro para que accediera, al estilo de la propuesta indecente de Hollywood? Pues dependiendo de la codicia y/o corruptibilidad del hombre, éste se hubiese negado o no. Pero asumiendo que el marido era o perverso, o muy codicioso, o muy corrupto, y hubiese accedido a alguna de las propuestas de su señor, por el hecho de contar con la aprobación del marido ¿la prima nocte hubiera dejado de ser un abuso? Por supuesto que no, seguiría siendo un abuso contra la mujer, contra su libertad de acostarse con quien le dé la gana cuando le dé la gana.

¿Qué hubiera sucedido si el monarca organizaba un plebiscito o un referéndum para que su ley contara con la aprobación de la comunidad? Si dicha comunidad tuviese algún especial gusto por la promiscuidad, probablemente podría acceder a aprobar dicha ley, pero recordando un poco las características de la sociedad inglesa antigua lo veo poco probable. Pero ¿y si el monarca les hubiese prometido otorgarles tierras y riquezas a cambio de aprobar su ley en consulta popular? Si dicha comunidad tiene muy débiles los principios, o directamente no los tiene, posiblemente podría haber accedido y, en la consulta, hubiese ganado el “sí” hasta con los votos de muchas mujeres. En cualquiera de los casos, ya sea por perversión colectiva o por codicia comunitaria, habría sido la decisión de la mayoría y, de contar con la aprobación de la mayoría ¿la prima nocte hubiera dejado de ser un abuso para las mujeres que votaron por el “no”? Claro que no, seguiría siendo un abuso, aunque solo existiera una mujer que se oponga a tal privilegio, de todos modos sería un abuso para ella, contra su libertad de acostarse con quien le dé la gana cuando le dé la gana.

Y si esta vez los más sabios de la comunidad, los ancianos, los brujos, los más capacitados, los más lindos, los más originarios, los mejores o los más explotados, o tal vez los obreros, o quizás los indígenas, o probablemente los arios, o hasta los más religiosos, decidieran que es buena idea otorgar tan codiciado privilegio al noble señor, o a los extranjeros para atraer el turismo, o a los mercaderes para obtener beneficios, o por último para sí mismos ¿Dejaría la prima nocte de ser un abuso contra la mujer?

¿Y si en realidad no es a todas las mujeres que se quiere aplicar dicha ley? ¿Si es solamente a una, la única de tantas mujeres, y de manera excepcional, que se la quiere entregar a un hombre que, no es un noble, sino el general de un ejercito que va a exterminar a la comunidad, pero que puede ver sus ímpetus calmados por una noche con la bella mujer? Es decir que la estamos entregando, sin su consentimiento, por la salvación de la comunidad ¿Entonces deja de ser un abuso contra la mujer? ¡No, no, no, y no! Sigue siendo un abuso inadmisible contra su libertad de acostarse con quien le dé la gana y cuando le dé la gana.

El abuso no deja de ser abuso porque lo ejecute o lo apruebe el Presidente, los mejores, los más sabios, los indígenas, los proletarios o la mayoría. La libertad existe o no existe, y para que exista no debe aparecer ningún tercero que determine nuestras decisiones o nuestros comportamientos, ya sea este (el tercero) individual o colectivo. La libertad es un individuo frente a sus opciones, decidiéndose sin ser perturbado por nadie. Y esto va especialmente para los tontos que creen que, por estar aprobado en referéndums, pueden obligarnos a aceptar sus abusos y arbitrariedades.