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jueves, 18 de octubre de 2007

Anatomía de una maldición

Cuando aparece un recurso natural con fuerte demanda internacional, los Estados suelen concentrar sus esfuerzos en aprovechar los beneficios de su exportación, descuidando el aparato productivo y, consecuentemente, desindustrializándose. Esto, muy lejos de generar riqueza y mayor equidad, lo que hace es profundizar y extender la pobreza, y condenar a dichos Estados al subdesarrollo. Esta es, básicamente, la “maldición de los recursos naturales”

En “La Trampa del Rentismo” nos advierten que, aunque dicha maldición no se constituye en una regla general, los casos de Estados que supieron aprovechar los beneficios de un recurso natural de alta demanda, fortaleciendo y diversificando su aparto productivo, y generando empleos, son muy escasos, y requieren de instituciones muy sólidas, y de ausencia de comportamientos rentistas en las sociedades.

Los autores identifican, en base a estudios históricos y de campo, cuatro principales males característicos de nuestra cultura política, y que coinciden con los patrones de sociedades que han sufrido de la “enfermedad holandesa”: El rentismo, el corporativismo, el estatismo, y el clientelismo.

El rentismo es el deseo de obtener ingresos de una fuente trabajada, o aprovechada por otros, sin ninguna intención de destinar esos ingresos a inversiones productivas o de invertir algún esfuerzo físico o mental para lograr que se multipliquen.

El corporativismo surge de la imposibilidad de lograr la consecución de un fin de manera individual, y de la alta probabilidad de conseguirlo de manera colectiva.

De la combinación de los dos primeros elementos obtenemos al “rentismo corporativo”, que es el mecanismo que permite a determinados grupos, presionar al poder político, y obtener del Estado beneficios que no equivalen a sus esfuerzos, y que no necesariamente se traducen en dinero (pueden ser subsidios, servicios públicos, puestos en la administración pública, etc..).

El estatismo es la creencia de que el Estado es una suerte de “padre” que debe repartir la riqueza, e intervenir y controlar todos los ámbitos de la economía.

Y cuando un gobierno aplica políticas rentistas, muy aplaudidas por una sociedad que lo ve como un “padre” cumpliendo con su deber al repartir los recursos, está generando redes clientelares. Está convirtiendo a los grupos corporativos de su sociedad en sus clientes y, de esa forma, a la vez que compra sus lealtades, apoyos, silencios, etc… está alentando los comportamientos rentistas.

Los cuatro males están presentes dentro del conjunto de valores y creencias (cultura política) de la sociedad boliviana, desde mucho antes de lo que creemos.

Este es un estudio muy revelador para quienes están interesados en el rentismo propiamente dicho, y también para quienes quieren conocer ese elemento de la cultura política boliviana al que los politólogos llamamos clientelismo.
Autores del libro: Roberto Laserna, José M. Gordillo y Jorge Komadina

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